Luis García Bendezú

La imagen debió ser atroz. Una noche a finales del siglo XVI, el padre franciscano Juan Roca vio cómo unos perros devoraban el cuerpo de un niño abandonado en la Calle de la Pescadería, cerca de la . Conmovido por el hecho, Luis de Ojeda, quien se hacía llamar ‘El Pecador’, se interesó por la situación de los niños limeños desamparados e instaló un hospicio para ellos que funcionó desde 1597.

La obra de Luis ‘El Pecador’ fue crucial en una época en la que el abandono de niños tenía carácter de problema social. Según el historiador Richard Chuhue, los antiguos limeños no solo abandonaban a sus hijos en iglesias por falta de dinero. En la mayoría de casos, los desamparos se daban cuando nacían niños fuera del matrimonio. La propia legislación colonial tenía al menos ocho términos para designar a vástagos ilegítimos cuya existencia dañaba los conceptos de virtud y honor que predominaban en esa sociedad.

“Era preferible el abandono de los infantes a un cruel aborto”, cita Chuhue al historiador Pablo Macera en un libro publicado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. 
Los pocos vestigios que quedan del antiguo Hospicio de Niños Huérfanos de Lima yacen hoy en la cripta sepulcral de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, también conocida como Los Huérfanos, en la cuadra 3 del Jr. Apurímac, en el . Ahí están sepultados los restos de los infantes que fallecieron en el hospicio aledaño y de los benefactores y mayordomos de la institución.

Aunque la cripta de los niños huérfanos no está abierta al público, El Comercio ingresó el jueves pasado a este oscuro y húmedo recinto con autorización del párroco. Se trata de una bóveda de casi tres metros de alto y veinte de largo, en el subsuelo de la nave central del templo. Hacia el fondo de la cripta, debajo del altar de la iglesia, hay un gran muro con 24 nichos. La mayoría han sido profanados por buscadores de tesoros; solo seis quedan intactos.

El párroco de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús asegura que perdió la fe en que alguien rescate el patrimonio que tiene bajo sus pies. Chuhue lamenta que no haya prosperado un proyecto de recuperación monumental que emprendió hace cinco años.
“En esa cripta hay historias que muchos limeños ignoran. Luis de Ojeda, ‘El Pecador’, quien debe estar enterrado ahí, es un personaje casi desconocido. Recuperar ese sepulcro es una forma de no olvidar la gran obra de caridad que realizó a inicios del siglo XVII”, recalca Chuhue a este Diario.

MEMORIAS DE 'MENESTEROSOS'
Otra cripta que merece ser recuperada y que puede dar luces sobre las duras condiciones de vida durante el Virreinato es la que se ubica debajo de la Iglesia de Santa Ana, en Barrios Altos. Hasta 1808 ese lugar fue usado para depositar los cuerpos de indios y negros que fallecían en el hospital para ‘menesterosos’ contiguo a la iglesia. 

Esa cripta estuvo intacta por casi un par de siglos hasta que el 31 de octubre de 1998 un equipo de arqueólogos de la Universidad Federico Villarreal ingresó a la cámara. “El único acceso era a través de una rejilla de 35 centímetros que servía como ventilación. Enviamos primero a una arqueóloga que con una linterna vio esqueletos amontonados”, recuerda Carlos Farfán, quien dirigió la investigación. 

Farfán estima que en las cuatro cámaras de la bóveda sepulcral de Santa Ana, hoy más abandonada que nunca, están los restos de 1.800 individuos. Se trató de la población más golpeada por la dominación española y, según el arqueólogo, los exámenes forenses podrían determinar qué enfermedades sufrían y por qué murieron. “Podríamos obtener información útil y nueva para la historia del Virreinato”, dice Farfán.

EJEMPLOS DE CONSERVACIÓN
Ciertos espacios subterráneos en los que sí se realizó un proceso de rescate arqueológico son las criptas de la Iglesia de San Francisco, la Catedral de Lima y la casa Bodega y Quadra, propiedad de la comuna limeña. 

Las catacumbas de San Francisco son las más famosas y visitadas por los limeños. Estas datan del siglo XVI y forman un vasto laberinto de osarios y capillas que guardarían los restos de unas 25 mil personas. 

Las criptas de la Catedral de Lima, que tienen al menos 14 cámaras separadas, están abiertas al público como museo desde el 2012. El trabajo de rescate estuvo a cargo del Proyecto Académico de Investigación Bioarqueológico e Historiográfico Francisco Pizarro. 

Por último, en la casa Bodega y Quadra, la Municipalidad de Lima impulsa la investigación desde hace 10 años. En ese predio se rescataron vestigios de arquitectura virreinal que arrojaron información sobre la vida cotidiana y el comercio en ese período histórico del Perú.