Clara Grima (Sevilla, 1971) es profesora y divulgadora de matemática. Es una de las invitadas del Hay Festival Digital Arequipa. (Foto: Hay Festival)
Clara Grima (Sevilla, 1971) es profesora y divulgadora de matemática. Es una de las invitadas del Hay Festival Digital Arequipa. (Foto: Hay Festival)
Juan Carlos Fangacio Arakaki

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Su vida son los números y, desde hace ya varios años, se ha dedicado a difundirlos de una manera clara, fresca, desenfadada, mucho más allá del prejuicio que los hace ver cómo el terror de los niños (y de los adultos también). La española Clara Grima es profesora, ha escrito libros, presentado programas de TV y radio, y será parte del para hablar sobre esta ciencia que, hoy más que nunca, rige nuestro mundo.

¿Cuál es el origen de ese miedo de tanta gente a los números?

A mí me pasa que me encuentro con niños de 5 o 6 años que me dicen “a mí no me gustan las matemáticas, no se me dan bien”… pero ni siquiera han empezado a estudiarlas. Entonces lo que yo creo es que el problema empieza con los planes de estudio, pues tradicionalmente se ha enseñado las matemáticas como una sucesión de cálculos sin sentido. Se identifica a las matemáticas con hacer cuentas. Y hacer cuentas es muy aburrido. Ese miedo desde el colegio ha ido trascendiendo la sociedad y se ha visto a la matemática como algo que no es parte de la cultura. Por ejemplo, es muy difícil ver en la televisión o en la prensa a alguien jactándose de no saber leer, o de odiar los libros porque son aburridos. Eso sería pecar de inculto en público. Sin embargo, sí hay mucha gente que públicamente reconoce no saber calcular un tanto por cierto y encima se jacta de odiar las matemáticas. ¿De verdad estamos orgullosos de ello? Todo eso ha hecho que en la cultura general las matemáticas sean las brujas, y los niños les cogen ansiedad desde antes de conocerlas. Pero en realidad las matemáticas surgen por nuestra necesidad de resolver problemas y por eso son una cosa muy humana. Por eso me da rabia cuando las intentan separar de las Humanidades, ¡cuando no hay nada más humano que la necesidad de las matemáticas!

Sueles hablar también del anumerismo. ¿Qué tan anuméricos somos y cuánto daño nos hace?

El anumerismo significa incultura matemática, pero una incultura básica. Y la sociedad en general es muy anumérica. Cuando ve cifras, la gente dice “no lo voy a entender”. Eso se extiende desde cuestiones muy cotidianas, como que la gente en España compra la lotería de Navidad en una misma tienda, haciendo larguísimas colas, porque cree que en esa tienda hay más ganadores. Eso es una tontería. Simplemente hay más ganadores en esa tienda porque hay más probabilidades ya que la mayoría lo compró allí. Y hay anumerismos más peligrosos, como que te engañen en el banco o con la oferta de un seguro. Ese desconocimiento de las matemáticas puede provocar incluso injusticia social. Ser anumérico en la vida te hace menos libre porque eres más fácilmente manipulable.

Dos de los libros publicados por Clara Grima: "¡Que las matemáticas te acompañen!" y "Hasta el infinito y más allá".
Dos de los libros publicados por Clara Grima: "¡Que las matemáticas te acompañen!" y "Hasta el infinito y más allá".

¿Qué tanto ha cambiado nuestro sentido matemático con la pandemia? Digo, aparte de contar contagios y calcular los dos metros de distancia social.

Un cálculo de dos metros que, por cierto, mucha gente ni siquiera sabe hacer… Pero para responder a tu pregunta, creo que la gente ahora se ha dado cuenta de la importancia de las matemáticas para el control de la salud. Ahora se habla mucho de aplanar la curva, por ejemplo, y se quiere saber de dónde vienen los números que nos muestran. Es verdad que con el transcurrir de la pandemia la gente también ha terminado un poco saturada de los datos, pero eso no tiene que ver con las matemáticas, sino con el cansancio psicológico que sufrimos todos. Pero sí se ha puesto de manifiesto que las matemáticas están detrás de todo lo que hacemos. Desde que estalló la pandemia, muchos más periodistas me llaman para hablar de matemáticas, ya no solo a médicos o epidemiólogos, porque saben que tenemos algo que decir de la pandemia.

Pero también vemos una oleada de desinformación, con el movimiento antivacuna, por citar un ejemplo. ¿Por qué crees que se desconfía de realidades y verdades tan concretas?

Aquí en España ocurrió hace tres o cuatro años la muerte de un niño de 6 años por difteria, una enfermedad que ya no existía []. Y cuando uno escucha que la gente no cree en vacunas, lo primero que te sale es decir que es una estupidez. Luego ya te enfrías y te pones a pensar que no puede ser solo una cuestión de estupidez. Lo que está ocurriendo es algo que economía se llama efecto de racionalidad miope. Es un concepto matemático que consiste en tomar decisiones solo con lo que ves. Yo lo explico así: si hoy alguien te dijera que tiene una vacuna que evitará que te coma un zombi, ¿te la pondrías? Seguro que no, porque nunca has visto un zombi en tu vida y no crees en eso. Y menos te la pondrías si te dicen que la vacuna puede tener un pequeño efecto secundario, como dolor de cabeza. Eso está pasando con la difteria o el sarampión en países desarrollados: solo hemos conseguido inmunidad gracias a las vacunas, pero mucha gente ahora piensa que son enfermedades que no existen, porque no las ven. ¿Por qué voy a vacunar a mi bebé contra algo que no existe? En cambio, si nos vamos a Burkina Faso, por mencionar solo un país, veremos que no hay antivacunas. Porque allá sí han visto a los zombis, saben que los niños pueden morir. Así funciona: cuando todo luce bien a tu alrededor, aparecen los que creen que nos quieren envenenar con las vacunas, con el 5G o que el virus del COVID-19 es un invento.

Hablemos de los algoritmos, el elemento matemático que hoy domina nuestra realidad. ¿Hay razones para temerles?

Primero habría que decir que los algoritmos no son buenos ni malos. Son como recetas de cocina, una sucesión de pasos que hace el ordenador. Lo que sí hay son personas buenas y personas malas que hacen los algoritmos. Y hoy las matemáticas son la herramienta de poder más poderosa que existe gracias a (o por culpa de) los algoritmos. Allí está el señor Mark Zuckerberg de juicio en juicio, debido a que con algoritmos puedes ‘hackear’ cerebros. Conociendo tus intereses o miedos a través de Facebook o cualquier otra red social, yo puedo ‘hackear’ tu mente lanzándote mensajes dirigidos específicamente hacia ti. Es muy fácil hacerlo. Si no te gusta la migración, todas las noticias que te llegan en redes serán negativas en torno a la migración; y si te molesta el feminismo, también te llegará información negativa sobre el tema. Así se va ocasionando que dentro de tu burbuja tengas un espejismo de la realidad. En eso los algoritmos tienen una potencia fabulosa, pero que puede ser muy mal utilizada. Por ejemplo, al momento de dar préstamos, un banco puede decidirle no dárselo a un hombre negro de Brooklyn simplemente porque el algoritmo dice que su historial no registra préstamos anteriores. O un puesto de trabajo puede apuntar solo a hombres porque el algoritmo demuestra que pocas mujeres fueron contratadas antes. Es el riesgo de los sesgos del algoritmo. ¿Cuál es la solución entonces? Más algoritmos. Los algoritmos malos solo se pueden combatir con otros algoritmos de control.

En tu libro “Que las matemáticas nos acompañen” hablas de cómo las matemáticas son cada vez más usadas en el fútbol. Y sin embargo, el juego también tiene el componente de lo ilógico, lo inesperado. ¿Qué tan relevante es lo inesperado en un universo regido por la matemática?

Es lo más importante. En un mundo controlado por las matemáticas, lo que nos hace sentir y vivir es precisamente lo inesperado. Es verdad que en el fútbol hay muchas matemáticas. Pero cuando una vez le pregunté al entrenador del equipo de mi hijo si es que el fútbol no se volvería aburrido cuando con algoritmos se pueda controlar todo, él me dijo que no, que el fútbol seguirá siendo apasionante. Porque cuenta con el factor humano: el ego, el enfado, la envidia, los celos. Ese factor humano e inesperado es lo que hace que el fútbol sea apasionante. Y en la vida es igual. Cada vez tendemos a tenerlo todo más controlado, con una vida más tecnológica, y eso es bueno en muchos sentido. Pero yo siempre digo que lo único que no podrá controlar nunca las matemáticas es el amor. El amor en todas sus formas, el bueno y el malo. La parte humana que no sabemos predecir. Eso es lo que la hace mágica y fascinante.


El dato

Grima ofrecerá una charla dedicada a niños y niñas de 8 a 12 años como parte del Hay Festivalito. Fecha: martes 3 de noviembre, 8:30 a.m. Más información en


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