José Miguel Silva

Sumido en el rincón de los héroes olvidados, el mariscal Domingo Nieto Márquez regresa simbólicamente a la palestra mediante la más reciente obra de la prestigiosa historiadora Carmen Mc Evoy.

Los dos tomos de "La guerra maldita: Domingo Nieto y su correspondencia 1834-1844" (Dirección Desconcentrada de Cultura del Cusco-Ministerio de Cultura, Biblioteca Nacional del Perú, 2015) son un trabajo esencial que recoge las cartas que el ‘Mariscal de Agua Santa’ escribió y recibió en una convulsionada década que marcó el inicio de la joven república peruana.

El blog  conversó con la profesora en The University of the South-Sewanee sobre su más reciente publicación.

Desde la época de Jorge Basadre hay un constante debate en torno a la relevancia histórica del ejército en la historia del Perú. En medio de esta polémica, ¿qué espacio ocupó Domingo Nieto en la institución militar?
Domingo Nieto puede ser definido como un hito político e ideológico en la historia del ejército peruano. Primero que nada hay que destacar que, a diferencia de los otros militares que dirigen los destinos del Perú durante el siglo XIX, Domingo Nieto nunca sirvió a los ejércitos del Rey. Él podría ser considerado la primera generación de soldados de la república.

¿Por qué?
Primero. Domingo Nieto se enrola a los 17 años en la expedición libertadora de José de San Martín y a partir de ese momento su carrera se va desarrollando en la defensa de los ideales de la república frente a la continuación del sistema imperial. No es Castilla, ni Santa Cruz, tampoco Agustín Gamarra, los que sirvieron a los ejércitos reales. En segundo lugar, él tuvo un pensamiento político claro y una ideología republicana. Aparte de ser un estratega militar de primera categoría, Nieto tuvo un pensamiento político que buscaba la unidad de las diferentes facciones que estaban pugnando dentro del ejército, en un momento en que este era básicamente un conjunto de bandas armadas sin rumbo ni pensamiento político definido.

Su ideología republicana lo lleva a buscar siempre la unidad…
Y también a los pactos políticos. Siempre se ha visto esta etapa de la historia peruana como una fase de guerras, pero para él esto debía terminar y llegarse a un acuerdo político que pacifique el país y que, de alguna manera, traiga estas bandas armadas a la mesa para así evitar la guerra civil. Nieto siempre creyó que esto último no era una solución para los problemas del Perú.

¿Por qué muchos de estos militares que combatieron juntos en la independencia del Perú terminan peleados a muerte algunos años después? Podría ser imposible imaginar entonces un mero afán económico como quizás podría presentarse hoy. ¿Cuál es la explicación a esa ruptura en la joven república?
Creo que lo que define el combate es la lucha por el poder. Es decir, el enfrentamiento de diferentes grupos militares con sus respectivas cabezas que van a llevar a cabo esta suerte de torneos militares en los que facciones se pelean por dominar a las otras. Entonces, lo que se está definiendo es una hegemonía territorial en la que diferentes provincias tienen a sus líderes (militares) luchando por lograr un dominio sobre el país. No es una casualidad que Agustín Gamarra represente a la facción del Cusco y sus aliados sean de lo que sería la zona sur andina (San Román, Echenique).  ¿Y quiénes se les enfrentan? Una facción más bien de la costa con Nieto (Moquegua), Castilla (Tarapacá), Vidal (Huacho). Ahí puede verse una tensión entre la costa y la sierra sin hablar necesariamente de una polarización.