José Carlos Picón

La leyenda de Martín Adán, decía el crítico y poeta Mirko Lauer, es la venganza del medio a una persona que no habla. Rafael de la Fuente Benavides vivió entre 1940 y 1960 en el hospital Víctor Larco Herrera para tratar su alcoholismo. Su bohemia impenitente y el pulular del nosocomio a los bares y hoteles de mala muerte de Lima eran, pues, la comidilla de periodistas y comentaristas. Esto, reforzado por la personalidad hermética y casi huraña del poeta, otorgaba un hálito de mito a la vida del autor de “La mano desasida”.

Sin embargo, algunos años después, una publicación del Fondo Editorial de la PUCP intenta, a su manera, hacer justicia y ampararse en lo que realmente sucedió, para contrastar la imagen del Martín Adán maldito con la del poeta que esboza el conjunto de cartas reunidas y transcritas por Andrés Piñeiro. “Quise dar a conocer una imagen del autor que parta de un supuesto real, mas no de lo que pudo ser. Estas cartas dicen qué fue lo que pasó con Adán”, sostiene.

Proyecto adánico

Piñeiro es filósofo de profesión e inició la aventura Martín Adán con una tesis sobre la influencia del cristianismo en su obra, vía Hegel y su concepto de la “conciencia desventurada”. Recordemos que Andrés también es responsable de juntar, tras un trabajo casi arqueológico, las entrevistas realizadas al poeta de “la rosa inesperada” para el mismo sello (PUCP, 2011). Además, cuenta Piñeiro, “en aquella búsqueda me topé con la serie de poemas ‘Arquitectura’, difundida al final de su existencia ya precaria”. El próximo proyecto –relata– tal vez sea la publicación de dichos textos. Lo esperamos.

Fan enamorada

Una de las joyas de este volumen, sin duda, la constituyen las misivas de Celia Paschero, asistente de Jorge Luis Borges, quien, para un ejercicio periodístico, redacta un mensaje lleno de ternura al poeta, pidiéndole su participación en un cuestionario. 
Martín Adán responde con el fuera de serie “Escrito a ciegas. (Carta a Celia Paschero)”. Piñeiro recuerda que, luego de “Travesía de Extramares” (1950), hasta el año 1961, Adán no estaba escribiendo nada. “De pronto llega esta carta”, relata. “El poeta va a tomar un nuevo impulso a raíz de este envío. No solo se daría a conocer ‘Escrito a ciegas’, sino que Martín Adán inicia la construcción de sus posteriores obras como ‘La mano desasida’ (1964), ‘La piedra absoluta’ (1966) y ‘Diario de poeta’ (1975)”. En ellos –comenta– “retoma esos temas que el autor tenía dispersos y había esbozado como proyectos”. Y es que para Piñeiro resulta difícil imaginarse al poeta como alguien que afrontaba el texto como ramalazos independientes. “Creo que él ya tenía diseñados libros enteros dentro de sí, esperando por salir. La carta de Paschero, en ese sentido, fue el pretexto para poner en papel, después de un prolongado silencio, sus frustraciones, inquietudes y desasosiegos”. Cabe mencionar que aquel primer contacto entre la periodista argentina y nuestro poeta fue el inicio de un amor casi platónico, y un romance también con el Perú, su cultura y sus intelectuales. En este volumen, se muestran los intercambios que tuvo la también escritora con Juan Mejía Baca, editor, amigo e intermediario del poeta.

Voces, amigos y maestros

Otro de los puntos álgidos de este espistolario lo marca el intercambio con su profesor de colegio y universidad Luis Alberto Sánchez. Al parecer, LAS no pudo alejarse de su mirada de maestro pues reprochó alguna vez la bohemia de Adán en un medio escrito. Hubo un punto en que se alejaron, y el poeta en una de sus cartas, tras uno de esos desencuentros, increpa al intelectual aprista: “Ya pasó el lío y dejémonos de cojudeces”. 

Otra carta, fechada en 1960 y dirigida al doctor Honorio Delgado, delata el encuentro que tuvo Adán con el poeta ‘beat’ Allen Ginsberg: “Tiene talento, pero el de satanás. Me trae muy nervioso. Ni morir puedo”, decía Rafael de la Fuente Benavides. Delicias de lo real.

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