José Carlos Picón

Es uno de los secretos mejor guardados de la constelación de intelectuales peruanos. (1889-1925) tuvo una obra importante que, hasta el día de hoy, permaneció poco accesible. La labor de compilación de Rubén Quiroz, Pablo Quintanilla y Joel Rojas ha puesto la lámpara sobre aquellos aportes —dos tesis realizadas en San Marcos, Harvard y artículos periodísticos sobre diversos temas— que han sido publicados gracias al Fondo Editorial del Congreso.

HOMBRE DE ACCIÓN
La figura de Pedro Zulen, sostiene Rojas, encarnó un discurso crítico frente a la política elitista y oligárquica de inicios del siglo XX. Esto lo llevó a ubicarse en una postura que podría llamarse de liberalismo radical, desde la que propuso “una revolución en contra del latifundismo y, por una cuestión práctica, la tolerancia de cultos, ya que la Iglesia formaba parte de la estructura de dominación”, subraya. 

De acuerdo con Pablo Quintanilla, Zulen recibió las influencias de González Prada y Mariátegui, sobre todo en la frontalidad que asumieron ante una situación de inequidad en el Perú, y en la urgencia para resolverla. Eso lo llevó a tener un rol protagónico en la defensa de la causa indígena. “No abrazó el marxismo en tanto estrategia, pero sí valoró algunos de sus elementos de análisis de las estructuras sociales de dominación”, ensaya. 

“Tampoco fue cercano al anarquismo de González Prada. La posición de Zulen fue siempre más bien moderada, aunque en su lucha en defensa de la justicia social fue radical”. Esta condición lo llevó a organizar y coordinar la Asociación Pro Indígena con Joaquín Capelo y Dora Mayer, ciudadana alemana veinte años mayor que él, con quien mantuvo una difícil relación amorosa. Esta incluso adoptó el apellido del filósofo por considerarlo su “esposo espiritual”.

PODER SUPERIOR
Zulen apelaba, comenta Rubén Quiroz, a la existencia de un ‘sujeto mayor’, presencia que respondía a un acto poético y a una necesidad lógica. “No se trata del Dios cristiano ni del organizador de una religión monoteísta”, refiere. Es recordada, también, su entrañable amistad con el poeta José María Eguren, iniciador de la lírica moderna peruana, de quien Zulen fue principal admirador y difusor. Aquejado desde temprana edad por la tuberculosis, Zulen murió en 1925, con solo 35 años. El país perdió entonces a uno de sus mayores pensadores. 

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