(Foto: Archivo GEC)
(Foto: Archivo GEC)
José Carlos Yrigoyen

Poco antes de que el coronavirus nos obligara a detener el curso de la vida como la conocíamos, la editorial Planeta había reeditado una de las novelas peruanas más valiosas de las últimas décadas: “Sueños bárbaros”, de Rodrigo Núñez Carvallo (Lima, 1953). Cuando apareció en el 2010, la crítica celebró su ambición totalizadora, la audaz estructura que permitía acoger una disímil variedad de planos narrativos cuyo ensamblaje componía un gran fresco histórico, la inusitada frescura de su prosa y la riqueza del retrato de época que ofrecía. Diez años más tarde, su relectura confirma estos altos méritos y a la vez redescubre otros, como una oralidad libérrima que define situaciones y personajes con trazo seguro y resonante.

“Sueños bárbaros” es, ante todo, la historia de una generación maldita que se atrevió a hacer cine en el Perú durante los años ochenta y noventa, cuando el país languidecía devastado por la hiperinflación y el accionar de uno de los grupos terroristas más sanguinarios del mundo. En medio de ese caos, Rafael Delucchi –protagonista de la novela, actor de segunda línea basado en una persona real– se separa de su mujer y decide así dedicarse a su “libertad de fracasar”. Sin un centavo en el bolsillo y con la ayuda de sus estrambóticos amigos, se embarca en la producción de una película como último intento de desafiar la condición de “desperdiciado” que confiesa en la primera frase del libro.

La novela, justamente, gira en torno a dos figuras (también reales) que encarnan ese sentimiento de desperdicio, esa certeza de haber crecido en el tiempo equivocado, de no haber hallado el espacio y el momento para que el talento en potencia pudiera florecer: Juan Bullitta y Claudio Baschuk. El primero fue un prometedor poeta y crítico de cine con pretensiones de convertirse en director. La depresión y el desengaño por sus proyectos irrealizables lo condujeron al suicidio en desoladoras circunstancias. Baschuk, por su parte, era un sensible y atormentado poeta homosexual destruido por la bohemia y sus fantasmas personales. Si bien el libro contiene personajes cautivantes –el entrañable Pipo, el ‘Loco Achote’, el explosivo Domingo de Ramos– son estos los dos actores más intensos y memorables de esa película acerca de la amistad, el fracaso y el humor ante la desgracia que Núñez ha concretado para nosotros.

Una rotunda demostración del oficio y del arsenal de recursos con que este autor está apertrechado es su tratamiento del plano que corre paralelo a la historia de Delucchi: aquel que explora las relaciones, ajustes de cuentas, purgas y decisiones demenciales del Comité Central de Sendero Luminoso. Núñez ha planteado esta subtrama mediante la puesta al día de la tragedia de Electra, transformándola en una vertiginosa pesadilla de venganza y redención dentro de una Lima plagada de asesinatos y atentados. Núñez consigue sortear las trampas del artificio y el maniqueísmo que el tema del conflicto armado interno encierra, entregándonos uno de los más originales y logrados enfoques ficcionales que he leído acerca de los delirios mesiánicos de Abimael Guzmán y su banda criminal.

“Sueños bárbaros” es una novela desmesurada y furiosamente digresiva. Los comentarios eruditos sobre películas, actores y anécdotas hollywoodenses irrumpen por doquier y con cualquier pretexto. Es cierto que buena parte de ellos son interesantes y hasta deslumbrantes, pero en ciertas zonas del libro pueden atosigar al lector y resentir el ágil ritmo de lo contado. De todos modos, recomiendo especialmente a los cinéfilos de pura cepa el capítulo 46, que funciona como una larga guía de películas imperdibles, seleccionadas con la exigencia de quien ha hecho del séptimo arte una pasión incondicional.

LA FICHA

“Sueños bárbaros”

Autor: Rodrigo Núñez Carvallo.

Editorial: Planeta.

Año: 2020.

Páginas: 406.

Relación con el autor: ninguna.

Disponible en Google Play.

Calificación: ★★★★.