Desafíos de la política exterior del Perú, por Ricardo Luna
Desafíos de la política exterior del Perú, por Ricardo Luna
Ricardo Luna Mendoza

Recientes cambios inesperados cuestionan la persistencia del ordenamiento mundial vigente y obligan a los estados a enfrentar lo que ello implica para la política exterior. Diversos países, en búsqueda de renovación, han emprendido procesos de transición política y social que, en un mundo globalizado, amenazan con erosionar el orden internacional que ha prevalecido desde el fin de la Guerra Fría. 

Algunos hechos trascendentes como el ‘brexit’ y la elección del nuevo presidente de Estados Unidos despiertan inquietudes. El primero es un complejo proceso de divorcio, de duración indefinida, entre el Reino Unido y la Unión Europea que recién está iniciándose. El segundo es un hecho sin precedentes que combina nacionalismo intenso y un repliegue mundial extenso pero aún impreciso. 

También han surgido reacciones imprevisibles, como lo han sido los discursos del líder chino Xi Jinping en la Cumbre APEC de Lima y, más recientemente, en Davos, Suiza, en los cuales asume la defensa de la liberalización económica y de los beneficios de la globalización. Es imprescindible para el Perú tomar en cuenta estos fenómenos para reflexionar y fijar su rumbo para el futuro inmediato. El Perú debe ponderar sobre su significado y efectuar reajustes a la política exterior de Estado, en los planos vecinal, regional, extrarregional y multilateral, dentro del marco de un rediseño geopolítico.

La mejora cualitativa de los lazos con países vecinos se está dando en circunstancias endógenas complejas. Hay procesos electorales ad portas en Ecuador y Chile, así como señales de tensión o polarización política en otros países vecinos. El empeoramiento de la crisis venezolana complica más el escenario político subcontinental. 

En ese contexto, el impulso que el Perú ha dado a la realización de gabinetes binacionales responde al nuevo tipo de política exterior que busca superar esquemas tradicionales de integración fronteriza para encontrar espacios de proyección política conjunta más significativos y profundos. La redefinición de las relaciones vecinales permite una proyección colectiva a futuro y, a su vez, calibrar respuestas, con mayor precisión, frente a las rupturas causadas por los turbulentos cambios geopolíticos y geoeconómicos. 

Una respuesta urgente es profundizar los esquemas de integración eficaces para que trasciendan los objetivos de libre comercio hacia la consolidación de una visión colectiva proactiva frente al inevitable resquebrajamiento y la reconfiguración de los espacios extrarregionales, particularmente en el Asia Pacífico y en Europa. De ahí la importancia crucial en esta etapa de afianzar la Alianza del Pacífico. El Perú debe buscar el relanzamiento de la Alianza del Pacífico con el objetivo de concretar avances en la Cumbre de Cali en julio próximo, así como del sistema interamericano a la luz de los actuales tiempos alterados con miras a la realización de la Cumbre de las Américas en Lima en abril del 2018.

En el escenario extrarregional, el Perú tiene el reto de continuar interactuando en diferentes procesos de integración en el Asia Pacífico, así como de intensificar las relaciones con las potencias más significativas de dicha región: China, Japón, India, Corea y Australia. Así también, ante el proceso de crisis tras el ‘brexit’ en la Unión Europea, la diplomacia peruana tiene la tarea de identificar oportunidades y áreas de cooperación efectiva con los interlocutores europeos más relevantes como Alemania, España, Francia y el Reino Unido.

En este tumultuoso e impredecible mundo es necesario que el Perú contribuya a la reingeniería y el afianzamiento de las instituciones multilaterales. El modelo vigente descansa en instituciones debilitadas que deben reconstruir una gobernanza global eficaz. El liderazgo del nuevo secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, es un punto de partida y un claro ejemplo de una visión coincidente con la política exterior de profundas raíces éticas que siempre ha inspirado a nuestro país. Por ello, el esperado ingreso del Perú al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en un momento de crisis sistémica global sin paralelos desde el período entre las guerras mundiales, expresaría el objetivo político de asumir responsabilidad real en el organismo encargado de la mantención de la paz y la seguridad internacionales durante las siete décadas anteriores. 

El Perú enfrenta además el reto de avanzar en el proyecto de incorporación a la OCDE en un contexto de cuestionamiento a las reglas de juego de la globalización. También constituyen desafíos mayores encarar el rediseño geoeconómico global ante el resurgimiento del proteccionismo y el debilitamiento de la Organización Mundial de Comercio (OMC), así como reaccionar ante las perspectivas de los consensos alcanzados y las proyecciones a futuro sobre el cambio climático y otras políticas ambientales.

En conclusión, el ‘brexit’ y el nuevo giro gubernamental de Estados Unidos parecen ser síntomas, no causas, de un rechazo generalizado a las premisas de la globalización y a los supuestos del funcionamiento del sistema internacional que han resultado ser, a la larga, disfuncionales. Un rechazo que responde a impulsos populistas de raíz ideológica variable y ambigua. Sin embargo, es precisamente en el choque de esos fenómenos con la realidad y la reacción de fuerzas contrapuestas, que se abren las oportunidades para una diplomacia como la peruana que siempre ha enfrentado desafíos con creatividad reflexiva más que con reflejos defensivos. El posicionamiento internacional logrado por el Perú durante este último semestre con las visitas de los jefes de Estado de China y de Japón, la Cumbre APEC, la participación en la Asamblea General de la ONU y la realización de tres gabinetes binacionales, nos coloca desde ya en condiciones expectantes para aprovechar a beneficio del país las oportunidades que surgen en momentos de transición y cambios.