"Son ecuaciones antagónicas con trasfondos tan evidentes de ruina y desconfianza, por un lado, y seguridad y esperanza, por otro, que la decisión por una u otra oferta debería ser simplísima". (Foto: Hugo Pérez / @photo.gec)
"Son ecuaciones antagónicas con trasfondos tan evidentes de ruina y desconfianza, por un lado, y seguridad y esperanza, por otro, que la decisión por una u otra oferta debería ser simplísima". (Foto: Hugo Pérez / @photo.gec)
Luis Antonio La Rosa Airaldi

Conforme a los criterios de

Trust Project
Saber más

Hay órganos claves, como los sensoriales, que influyen en nuestras emociones, en lo que pensamos y cómo sentimos. Con ellos elegimos nuestras preferencias de consumo. Claro que, conforme maduramos, somos más conscientes de su incidencia en la forma cómo las ejecutamos.

¿Por quién vas a votar? El derecho de sufragio no es otra cosa que una vía legal para materializar una preferencia de consumo más, pero de tal trascendencia que puede determinar sustancialmente no solo la forma y el fondo de todas las demás preferencias en los múltiples planos de la vida, sino la posibilidad real de poder satisfacerlas o no.

“Nos unimos o nos hundimos”. La amenaza es real y el tiempo apremia. Pero para unirnos hay que interiorizar cabalmente los gravísimos riesgos de una de estas alternativas binarias de consumo a las que nos enfrentaremos el domingo 6 de junio. Nos guste o no, estas son las únicas opciones, independientemente de los auténticos intereses que mueven a ambos candidatos y de los serios cargos que los involucran. Por un lado, tenemos la oferta representada por , manifiestamente falaz, amorfa, irresponsable, perversa, antipatriota, tan dañina como el veneno más letal de una víbora hambrienta de poder autoritario, teñida de evidentes incapacidades que solo puede asegurarnos un profundo fracaso. Este señor se trasluce como la ficha fungible de una organización oportunista que ha ido tentando terreno en el hartazgo popular, pero cuya real amenaza está en las ideas antisistema de sus verdaderos líderes y en hilos ideológicos subyacentes que hacen peligrar el goce de nuestros derechos fundamentales. Por otro lado, está la oferta de que, con los deplorables errores y desaciertos que arrastra del pasado, apuesta por una reivindicación en vías de sinceramiento y por un modelo estructural de capitalismo social para gestionar la actual severa crisis y reconducirnos a la ruta del desarrollo, garantizando las libertades individuales y económicas, con énfasis en la inversión y la propiedad privada. Si bien el fin no está asegurado y la carga negativa que pesa sobre ella y su partido poco pueden alentar, los medios son, sin duda, los idóneos de cara al progreso que todos los peruanos anhelamos.

Son ecuaciones antagónicas con trasfondos tan evidentes de ruina y desconfianza, por un lado, y seguridad y esperanza, por otro, que la decisión por una u otra oferta debería ser simplísima, pero para un 25% de la población –aunque nos cueste entenderlo– no lo es. Quizás por un hígado irritable, por un corazón dolido o por una fuerte convicción basada en hechos, este alto porcentaje de indecisos (o indiferentes) aún no define su postura. Aquí el voto no es por él o ella, es por nuestro futuro y por amor y respeto al país que nos acoge, y ofrece sus riquezas y ventajas comparativas en beneficio de todos aquellos que nos llamamos y sentimos peruanos. Todavía estamos a tiempo de sortear favorablemente el inminente abismo.

La racionalidad debe primar en esta elemental preferencia de consumo. Seamos persuasivos. Dejemos el espectro subjetivo para otros fines. No se trata de contraponer posturas ideológicas, sino de reconocer francamente las diferencias y contingencias de un sistema de gobierno con modelos que garantizan las libertades individuales y las instituciones políticas y económicas versus otro que, sencillamente, las amenaza y desconoce de la forma más burda. Es propicio dejarnos llevar por una cabeza fría, por un corazón intuitivo y por un hígado calmado que nos permita apoyar individualmente la capitalización de las sólidas bases del crecimiento que tanto nos ha costado construir y mantener. El bicentenario de vida republicana no puede ser mejor oportunidad para redireccionar y dinamizar la senda del crecimiento económico y social sostenible, equitativo e inclusivo, que funcione sobre la base de incentivos y bajo un enfoque de desarrollo territorial, donde la percepción y frutos del progreso sean tangibles a lo largo y ancho del Perú. Y, para ello, requerimos de instituciones políticas y económicas inclusivas, jamás extractivas como errónea y torpemente pretende el fallido comunismo.