En 1879 muere el Almirante Miguel Grau Seminario en el Combate Naval de Angamos, durante la Guerra del Pacífico. (Foto: Andina)
En 1879 muere el Almirante Miguel Grau Seminario en el Combate Naval de Angamos, durante la Guerra del Pacífico. (Foto: Andina)
Alberto Rivera Acuña-Falcón

Director ejecutivo de la Asociación Cultural Bicentenario Perú

“Como del carbón sale el diamante, así, de la negrura de esta guerra sale Grau”.


Jorge Basadre

Hace algún tiempo le preguntamos a un niño limeño de 10 años si conocía a Miguel Grau. Nos contestó, inseguro, que “sabía” que había sido un libertador. Su confusión es paradójica y sintomática porque Grau sí nos liberó de la desidia republicana y de las garras de la cobardía, pero no fue libertador de la patria en el clásico término referido a nuestra independencia. Sin pretender demostrar científicamente ninguna hipótesis, creemos que la simple respuesta de ese niño denota las serias carencias de nuestra formación escolar y de nuestro sistema educativo, asuntos que son posibles de revertir, acaso modesta y paulatinamente, pero sí es factible y usted también puede ayudar a tal fin. Veamos.

A diferencia de la mera instrucción, la educación nos permite tener valores, además de conocimientos. La verdadera educación no solo informa, sino que además forma a la persona porque no existe genuina educación que no se alcance a través del ejemplo.

A muchos se nos hace difícil reconocer que solo siendo honestos, leales, cumplidos y sinceros podemos educar a nuestros hijos en valores. Solemos pensar que la vida diaria no nos da la oportunidad de vivir valores ‘supremos’: “¿Cómo voy a dar ejemplo de coraje, patriotismo, abnegación y sacrificio hasta el límite de entregar la vida?”, y concluimos que eso es parte de la historia, no de estos tiempos. Indaguemos brevemente la historia de vida del máximo héroe del Perú.

Miguel María Grau Seminario nació en las cálidas tierras de Piura en 1834, fue hijo de madre peruana y padre colombiano. A la edad de aquel niño que mencionamos al principio, ya surcaba los mares del mundo, y luego de integrarse a la Marina de Guerra del Perú, logró convertirse en un diestro y admirado navegante. Defendió la patria en los momentos más difíciles y fue el líder que en plena época republicana sentenció: “Para nosotros, el caudillo es la Constitución”, anticipándose así a toda una teoría constitucional y de estabilidad jurídica que se desarrollaría décadas después.

Es necesario recordar que intercambió verdaderas joyas del epistolario universal con la viuda de Arturo Prat, que hizo destellar su nobleza convirtiéndose en el Caballero de los Mares, que condujo al monitor Huáscar con maestría durante meses manteniendo en vilo a la Armada chilena, y que, finalmente, se sacrificó un día como hoy en el Combate Naval de Angamos.

¿Y qué tiene de extraordinaria la vida del héroe? Lo verdaderamente extraordinario en él fue que no se hizo héroe en un día de inspiración y sacrificio. Miguel Grau tuvo una vida heroica, vivió cada momento de su vida sembrando aquellos valores que mencionábamos: fue honesto, leal, cumplido y sincero, amó fielmente a su esposa y educó a sus numerosos hijos con el ejemplo. El Combate Naval de Angamos, con todo su valor histórico, es tan solo un epílogo, un admirable epílogo, pero esa epopeya y el sacrificio de Grau significarían mucho menos si él no hubiera defendido valores cada día de su vida.

Durante 140 años se ha investigado y escrito sobre él, y jamás se ha puesto en duda su coherencia como ser humano ni su liderazgo como patriota; el haberlo elegido como el Peruano del Milenio debería comprometernos a difundir los valores de identidad nacional e integridad personal que él supo encarnar en la vida cotidiana.

No esperemos, estimado lector, una guerra para demostrar coraje y sacrificio, ayudemos a mejorar la educación del país dando el ejemplo hoy. ¿Cómo hacerlo? Mejorando nosotros mismos y sirviendo a los valores en los que creemos. Puede usted estar seguro de que nunca es tarde. Así, ya no estaremos preocupados por el sistema educativo, sino ocupados en él.

Tomemos el desafío de iniciar el tercer siglo de vida republicana dando el ejemplo a los nuestros en la vida diaria. Así, habrá más niños peruanos para quienes sus padres sean modelos a seguir; esos niños serán luego los padres en la nación que Grau soñó.