"No cabe duda que nuestra cancillería es una de las más reconocidas en América Latina". (Foto: Manuel Melgar / GEC)
"No cabe duda que nuestra cancillería es una de las más reconocidas en América Latina". (Foto: Manuel Melgar / GEC)
Óscar Vidarte

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No cabe duda que nuestra cancillería es una de las más reconocidas en . Más allá de tratarse de un de un país mediano a nivel regional y de haber tenido en los últimos años, salvo excepciones (como el liderazgo peruano para la creación de la Alianza del Pacífico o al interior del Grupo de Lima), una política exterior poco visible, nuestra diplomacia ha sabido construir una reputación muy positiva. La calidad profesional de diplomáticos y diplomáticas como Raúl Porras Barrenechea, Víctor Andrés Belaúnde, Alberto Ulloa Sotomayor, Carmela Aguilar Ayanz, Carlos García Bedoya o Javier Pérez de Cuellar, para citar solo algunos, así lo confirma.

No obstante, en los últimos tiempos se han dado una serie de casos que han implicado a diplomáticos con actos muy cuestionables. Solo en los últimos dos años hemos conocido acerca de la destitución de un embajador del , al parecer por abuso y maltrato laboral a sus trabajadores (aunque el caso se encuentra en el Poder Judicial, implicando también a otros diplomáticos en una supuesta confabulación en su contra), la denuncia contra un embajador por acoso sexual y laboral (retirado de su misión producto de lo sucedido) y la reciente acusación contra otro embajador por una de sus subordinadas en el exterior por explotación, discriminación y maltrato laboral.

Y si eso parece grave, hace pocas semanas supimos que un grupo de embajadores –algunos de ellos que habían liderado el proceso de negociación de las vacunas, entre las que se encontraba la entonces canciller–, se habían vacunado al margen de lo planificado por el gobierno (claramente aprovechándose de una situación). Cabe señalar que esto obligó a renunciar a la ministra y a la cancillería iniciar una investigación a una serie de funcionarios.

Algunos podrán decir que esto ha sucedido siempre, que en todos los lugares “se cuecen habas” y que ahora este tipo de circunstancias se hacen conocidas. Es probable, pero es evidente que algo anda mal en una de las más respetadas instituciones del Estado peruano. Los mecanismos de control interno de la cancillería no están funcionando, de ahí la importancia de hacer de dominio público estas situaciones.

Podría tratarse de un problema que se encuentra en la misma etapa formativa del diplomático. O, lo que es mucho más importante, que se refiera al sistema que permite el ascenso de los diplomáticos hasta el grado de embajador. ¿Es un sistema que prioriza la meritocracia o más bien un sistema que depende de los contactos de turno? En todo caso, resulta por lo menos extraño que, tal y como ha sucedido, la última nota llamada de “concepto” (30% del total y que depende de una comisión de ascensos), pueda elevar a los primeros lugares a los postulantes que ocupaban puestos rezagados luego de las dos primeras notas que correspondían al 70%; así como hundir en la tabla, fuera de los puestos de ascenso, a los que estaban adelante en la primera parte de la evaluación.

Estando próximos a un cambio de gobierno, este puede ser un buen momento para pensar en cambiar las cosas. Unos cuantos no pueden dañar la imagen de la cancillería. Nuestra política exterior se lo merece.

PD. No se puede admitir que un candidato a la se refiera a la cancillería como “porquería” o a nuestros funcionarios diplomáticos como “zánganos” o “sinvergüenzas”. A inicios de los noventa sucedió algo similar y ya sabemos cómo acabó la historia. No puede volver a repetirse.