Evita la guerra, por Abelardo Sánchez León
Evita la guerra, por Abelardo Sánchez León
Abelardo Sánchez León

Dominique Wolton, investigador francés de las comunicaciones, recibió la distinción honoris causa de la PUCP. Al día siguiente, de esto hace dos semanas, tuvo una charla informal con los profesores. Me detengo en una de sus vigorosas ideas que tiene sobre el cada vez más potente campo de las comunicaciones: que la comunicación es política. Y no lo es solo en los sesgos de la información, en la ancestral manipulación, en la propaganda, en las campañas electorales, en los encuadres propios de la teoría del ‘framing’, sino en su acepción básica y limpia: la comunicación propicia la paz y evita la guerra. Cuando se rompe la comunicación, empieza la guerra. Por esa sencilla razón, dijo Wolton, admira a los diplomáticos. Los diplomáticos no hablan la misma lengua, no tienen los mismos intereses, no pertenecen necesariamente a la misma cultura y, sin embargo, su oficio radica en postergar o evitar la guerra. La comunicación entre los diplomáticos tiene, con frecuencia, el escenario que privilegia los placeres de la vida: alrededor de la mesa, apreciando los vinos, sentados en cómodos sillones, buscando las terrazas, en fin, lo que acerca a las personas en la vida cotidiana.

Dominique Wolton es consciente del avance de la investigación estadounidense en el terreno de las comunicaciones y del repliegue, en gran medida, en todos los campos, de la cultura francesa. La tecnología habla actualmente en inglés. Las nuevas generaciones europeas manejan el inglés. El gruñón taxista parisino, de pronto, agradece en inglés. Francia ya no es el referente universal y Europa se ve acosada por culturas externas que propicia, en su interior, posiciones bélicas, racistas, xenofóbicas y llevan, de nuevo, el tema de la comunicación a las primeras planas de los medios: el odio al musulmán, el temor a la migración siria, la desconfianza que despierta el Magreb y la guerra a la que se lanza, herida después de los atentados del Estado Islámico, hacia las zonas en estado de destrucción perpetua: Afganistán, Iraq y Siria.

Dominique Wolton comentó, a la pasada, el egocentrismo que caracteriza a la América Latina, la cultura más cercana a Europa; sus primos, o sea sus parientes pobres. Quizá las nuevas generaciones no se interesen ya, como antaño, por Europa: no viajan a hacer estudios de posgrado, queda lejos, resulta cara, y Estados Unidos se presenta como la opción de estudiar, radicar, trabajar y hacerse de un futuro. Pero Wolton insistió: ustedes tienen solo dos grandes idiomas, son una comunidad compacta, se respetan, pero no creen en ustedes mismos; se consideran menos, no fomentan redes y lazos de encuentro transcultural; en otras palabras, no confían del todo en la comunicación. Wolton, por cierto, hablaba, preguntaba e indagaba siempre en francés.

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