(Foto: Archivo El Comercio)
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Juan Carlos Tafur

La crisis política se va a ahondar. Como resulta evidente, PPK y la oposición fujimorista no son capaces de sobrellevar un plan mínimo de gobernabilidad. Así, nos encaminamos a un desenlace en el cual el único escenario viable será el de la disolución del Congreso y la convocatoria para que el pueblo dirima el entrampamiento.

Visto así, no sería un contragolpe del gobierno sino una salida democrática. No estaríamos ante un “5 de abril caviar” o una respuesta extrema por parte del presidente a la presión del Legislativo, sino ante el ejercicio de una atribución que la Constitución permite para romper una situación como la que hoy se presenta, de equivalencia infructuosa de fuerzas y poderes.

Si el pueblo quiere que sea PPK el gobernante pleno de acá hasta el 28 de julio del 2021, votará por sus listas parlamentarias en dicha elección; si no lo quiere, lo hará por la oposición, y ante la naturaleza plebiscitaria de tal jornada electoral, PPK deberá sentirse conminado a ir más allá del texto constitucional e interpretar la votación delegando la jefatura del gobierno y diseñando una resignada cohabitación que complete su mandato.

El solicitado diálogo de PPK y Keiko Fujimori no tiene buen pronóstico respecto de una posible conciliación. Y no por la reticencia o la resistencia de uno y otro, sino porque sus respectivas lógicas conducen a la confrontación. Las maquinarias políticas buscan poder excluyente.

Muchos –y me incluyo– hemos creído que era factible un gran pacto derechista por el desarrollo entre PPK y Fuerza Popular. Sin embargo, ha sido y será una ilusión. En atención a las legítimas búsquedas de poder de uno y otro, ni siquiera el manoseado indulto parece ser una prenda duradera de paz.

El fujimorismo se siente elegido para gobernar el Congreso y PPK el Ejecutivo. Los dos estiman tener todo el derecho de ejercer el poder que las urnas les han brindado y ambos perciben que cometerían suicidio político si renuncian a sus expectativas.

Los ppkausas observan al Legislativo como un poder que debe someterse a los designios del Ejecutivo y allanarse a las decisiones del gobierno central. Desde el fujimorismo ven al presidente como un inquilino precario que no está en capacidad de ejercer pleno dominio del bien. Ambos se miran, en alguna medida, como usurpadores.
Así, difícilmente dará resultados una cumbre negociada o un pacto de alto nivel. No parece haber forma de que un centro torpe y débil como el de PPK halle por esa vía la manera de resolver su pugna con la poderosa derecha conservadora del fujimorismo opositor.

Se equivoca PPK si cree que el indulto a Alberto Fujimori le allanará el camino. En el mejor de los casos, brindará un alivio temporal a la tensión existente, que luego de unos meses volverá a reaparecer. El único camino parece ser el de la ruptura democrática del impasse, provocando la censura a dos gabinetes y convocando a nuevas elecciones congresales.

La del estribo: Mágica y enorgullecedora la exposición del MALI sobre la cultura Nasca. ‘Machupicchudependientes’ como somos, muchos peruanos no atesoramos el inmenso valor histórico de las culturas preincaicas. Y si lo hacemos, el norte moche suele acaparar la atención. Esta muestra nos reencuentra con un legado extraordinario de la costa sur del país.