Pedro Francke juró el viernes como nuevo ministro de Economía y Finanzas para el mandato del presidente Pedro Castillo | Foto: Presidencia Perú
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Editorial El Comercio

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Como se anticipaba luego de varias semanas, fue finalmente seleccionado como titular del . A diferencia de otros nombramientos, Francke tiene algo de trayectoria en el sector público por mostrar. Fue director ejecutivo del Fondo de Cooperación para el Desarrollo Social (Foncodes) durante el gobierno de Alejandro Toledo, presidente del Sistema Metropolitano de Solidaridad (Sisol) en la gestión de Susana Villarán en la Municipalidad Metropolitana de Lima y gerente general de Essalud cuando Ollanta Humala ocupó la presidencia. Ha sido además docente ordinario del Departamento de Economía en la Pontificia Universidad Católica (PUCP) y parte del equipo de Juntos por el Perú (JPP) antes de pasar a las filas del equipo técnico de Perú Libre.

En ese sentido, su nombramiento fue recibido por varios como una muestra de moderación y consenso del Gabinete liderado por . Esta interpretación es un error. En primer lugar, por el perfil del propio personaje. En comparación con las personas ultrarradicales que rodean a Perú Libre, Francke sin duda parecería un economista ortodoxo, pero lo cierto es que será la primera vez en varias décadas que alguien con un perfil de izquierda poco moderna –que instintivamente ve a la inversión privada como algo que hay que controlar en vez de fomentar– coja las riendas del MEF.

Lo más importante, no obstante, no es Pedro Francke. Quien quiera leer en el nuevo MEF una señal de moderación olvida que este ministerio, siendo quizá el más relevante, es apenas un retazo del Gabinete. La preocupación real está en la profunda equivocación que fue colocar a Guido Bellido como presidente del Consejo de Ministros, y armar con él un equipo de personas inexpertas y radicales para conducir el país.

No es tiempo para sutilezas. El actual Consejo de Ministros lo dirige un investigado por apología del terrorismo y tiene entre sus filas a personas ligadas al Movadef –brazo político de Sendero Luminoso–, exparejas de terroristas, exguerrilleros con admiración por los criminales de la dictadura cubana y otros perfiles similares. ¿Qué diferencia realmente puede hacer Pedro Francke con esa compañía en el Gabinete? Más bien, la presencia de Francke –durante la campaña de segunda vuelta y sobre todo ahora– ha tenido el efecto perverso de legitimar entre parte de la población a una opción política que nunca ha ocultado sus afanes totalitarios; afanes que, de hecho, plasmó fehacientemente en la elección del Gabinete. En esta figura, Francke no es el conciliador moderado; es el cómplice.

El Gabinete liderado por Bellido es insostenible desde un punto de vista democrático y desde un punto de vista práctico. Decimos democrático porque sus miembros no disponen de las mínimas credenciales institucionales que se esperan de quienes dirigen la nación. Y decimos práctico porque su clamorosa inexperiencia y falta de visión harán prácticamente imposible que puedan tener éxito en los retos que enfrenta el país, sobre todo en una coyuntura tan difícil como la actual.

El presidente , mencionábamos ayer, debe hacerse responsable de este grave problema en que ha sumido al país. Y convencer a Francke de que vuelva a considerar ser titular del MEF no lo exime, de modo alguno, de estar en la obligación de buscar más consenso y moderación si quiere lograr cinco años exitosos en la presidencia. El Congreso se lo demandará y la ciudadanía también. Y el primer paso obvio pasa por reconsiderar la funesta elección de Guido Bellido al frente del Consejo de Ministros.