(Foto: Archivo)
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Editorial El Comercio

La agitada coyuntura política de las últimas semanas –entre las próximas elecciones regionales y locales, los enfrentamientos del Ejecutivo, Legislativo y fiscalía, y más recientemente la anulación del indulto a Alberto Fujimori– han opacado parcialmente los resultados económicos y la agenda de pendiente.

Según lo anticipado por el Indicador Mensual Económico de El Comercio () esta semana, la economía nacional crecería en el tercer trimestre poco menos de 3%. Así, el año cerraría con una expansión del producto muy cercana al 4%.

¿Son estas cifras adecuadas para nuestro nivel de desarrollo? ¿Alcanzan para cerrar la brecha de y mejorar la calidad de vida de los peruanos? Difícilmente. Y esto resulta poco justificable en un contexto externo favorable. La verdad es que daría la impresión de un país que poco a poco cae en la complacencia de números insuficientes.

Usualmente, países más ricos tienden a crecer a tasas más bajas, en tanto que aquellos con menos recursos deben crecer a ritmos más acelerados que el promedio global para cerrar la brecha con el mundo desarrollado. En esta perspectiva, la velocidad de expansión de la economía peruana es modesta para el nivel de riqueza promedio que ostenta. Por ejemplo, cuando en el 2006 Panamá llegó a los mismos US$13.000 per cápita aproximadamente que tiene el Perú hoy, había crecido a tasas cercanas al 8% durante los tres años previos, y lo hizo en promedio a más de 7% los siguientes cinco. Países como Chile, Polonia, Irlanda, Corea del Sur o Hungría crecían por encima del 6% cuando estuvieron en el mismo nivel de riqueza del peruano promedio de hoy. Visto así, el 4% de este año se hace magro e insuficiente.

Centrar la discusión en los determinantes de crecimiento y la productividad es fundamental. En su último Reporte de Inflación, publicado en setiembre, el Banco Central de Reserva (BCR) comenta que “algunas de las áreas en las que hubo menos progreso en las últimas décadas y que tienen un alto impacto en la productividad total de factores están relacionadas con el funcionamiento del mercado de trabajo, la calidad de la educación, la calidad de la infraestructura y de las instituciones”. A continuación, el ente emisor enumera medidas concretas: mayor flexibilidad del mercado laboral, promoción de la calidad de la educación, elevar la calidad regulatoria, desregular y simplificar procesos para la inversión privada, fortalecer el sistema de justicia, entre otros. Esta agenda, que resulta tan obvia y que se ha repetido en innumerables ocasiones por todo especialista serio, no solo no llega aún a calar del todo en la clase política, sino que se deja de lado entre el enfrentamiento del día a día y la complacencia con tasas de crecimiento que no alcanzan para combatir la pobreza ni la informalidad.

El Perú está lejos de alcanzar una situación en que el conformismo pueda ser la actitud corriente. Malas políticas económicas –y no la situación del contexto internacional– explican que el aporte de la productividad total de factores (PTF, una medida de eficiencia de la economía) al crecimiento de este quinquenio vaya a ser el más bajo desde la década de los ochenta. En palabras del BCR, “en el período más reciente la creciente rigidez laboral y las regulaciones excesivas no han permitido que la PTF registre los niveles obtenidos en la década pasada”. Eso se traduce en menos inversión, puestos de trabajo formales, menos recursos para el sector público y menos calidad de vida para las familias. La agenda se conoce de memoria, ¿quién se hace responsable?

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