"Lo interesantes es el simulacro de votación de El Comercio-Ipsos, que equivale a hacer un zoom sobre la foto de marzo y ver con más precisión algunos resultados". (Ilustración: El Comercio)
"Lo interesantes es el simulacro de votación de El Comercio-Ipsos, que equivale a hacer un zoom sobre la foto de marzo y ver con más precisión algunos resultados". (Ilustración: El Comercio)
Omar Awapara

Director de la carrera de Ciencias Políticas de la UPC

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A medida que nos vamos acercando al , la información sobre el proceso electoral se empieza a acumular y permite aclarar un poco el panorama. Salvo sorpresas mayúsculas en los días finales, más de la mitad de los postulantes que empezaron la carrera han quedado relegados, aunque sigue quedando más de un manojo de candidatos con la esperanza de llegar a la segunda vuelta el 6 de junio.

En ese sentido, las encuestas que se vienen publicando juegan un doble rol: delimitan la cancha señalando tendencias y transmiten información a los votantes. Tanto para los indecisos como a los nómades, aquellos que difícilmente estén muy convencidos de su voto y pueden cambiarlo con facilidad.

En un sistema con identidades partidarias estables (piénsese en aquellos que se identifican como demócratas o republicanos en Estados Unidos, y votan por su partido en cada elección), esta información y cálculo no tendría mucho sentido. En nuestro caso, solemos tener ciertas opiniones o valores en lo económico o lo social que orientan nuestro voto hacia un grupo de candidatos y observamos con expectativas su progreso o descenso en las encuestas.

Lo que este fin de semana reveló es una nueva entrada en la secuencia que se viene formando desde hace unos meses, con más frecuencia desde diciembre. En las encuestas de intención de voto no hay muchas sorpresas y se mantienen las tendencias, en línea con las fotografías que vimos en sondeos anteriores. Lo interesantes es y ver con más precisión algunos resultados.

Y ahí sí hubo cierto revuelo porque aparece George Forsyth segundo, cuando varias encuestas ya lo ubicaban hasta en quinto lugar (pero empatando o muy cerca del segundo puesto considerando el margen de error). No podemos comparar realmente esta imagen con la que nos dan las encuestas, porque es la primera de la temporada que ofrece esta opción a los encuestados, pero sí se corresponde con la tendencia que reflejan los sondeos. Una caída menos dramática, acompañada de un tímido rebote incluso en ciertas categorías con potencial, como el voto femenino, áreas rurales o el norte del país.

¿Por qué tanto recelo al ver a Forsyth segundo? Porque las encuestas también transmiten información al votante. El rival que algunos veían desahuciado dio muestras de vida, y eso puede empujar a algún sector alérgico a propuestas más radicales de ambos lados del espectro ideológico a encontrar un candidato viable. La pregunta es, realmente, si ese bolsón es representativo en una coyuntura propicia para discursos polarizantes, y si puede atraer más votantes que posiciones centrífugas.

Para poner paños fríos, la ubicación de Forsyth es también consecuencia del hecho que nadie más sube lo suficiente por ahora como para pasarlo en su caída. Y ello se corresponde con la otra información que manejamos: el alto antivoto que varios de los punteros continúan arrastrando.

Si ha encontrado su techo o su piso alrededor del 10%, lo veremos con una nueva fotografía en las próximas semanas. Dependerá de su viabilidad al centro del espectro político tanto como del movimiento de sus competidores. Por ahora, parece correr solo por el medio de la cancha.

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