"¿Qué le espera a Martín Vizcarra en el 2020 entonces? Parece que un oasis de paz y tranquilidad político que había sido esquivo mientras hubo un Congreso activo". (Foto: GEC)
"¿Qué le espera a Martín Vizcarra en el 2020 entonces? Parece que un oasis de paz y tranquilidad político que había sido esquivo mientras hubo un Congreso activo". (Foto: GEC)
Maria Alejandra Campos

Finalmente se dio a conocer la propuesta de sentencia del magistrado Carlos Ramos respecto a la demanda competencial sobre la disolución del . En su ponencia, Ramos propone darle la razón al Ejecutivo y respaldar la interpretación de que la cuestión de confianza fue denegada ‘fácticamente’.

Si es que el pleno del ratifica esta postura –situación esperable dada la correlación de fuerzas dentro del órgano constitucional–, el presidente tendría el camino libre en el 2020 para gobernar con absoluta tranquilidad.

Hasta hace poco se creía que la sentencia del TC iba a tener un tono de reproche a la original interpretación del gobierno, planteando límites futuros, pero dándole la razón al Ejecutivo. Sin embargo, ese no parece ser el caso ahora. La propuesta de Ramos respalda firmemente el accionar de Martín Vizcarra. De hecho, en ninguna de sus 79 páginas hace crítica alguna. Con ello, el fantasma de futuros cuestionamientos a la decisión de disolver el Parlamento por parte del nuevo Congreso desaparece del horizonte.

Si es que, en cambio, el Tribunal Constitucional propusiese una interpretación más ácida de lo ocurrido el 30 de setiembre, podría darle un motivo a las futuras bancadas opositoras para solicitar la vacancia del presidente Vizcarra. De hecho, algunos candidatos ya han planteado esa posibilidad. Pero, con la bendición del TC, cualquier reclamo por parte de los nuevos parlamentarios caería apenas en la categoría de rabieta y no tendría fuerza para desestabilizar al gobierno.

¿Qué le espera a Martín Vizcarra en el 2020 entonces? Parece que un oasis de paz y tranquilidad político que había sido esquivo mientras hubo un Congreso activo.

Aún existe amplio espacio para sorpresas electorales, pero al menos la data histórica parece respaldar la idea de que el porcentaje de votos válidos no va a variar significativamente. Con ello, la baja representatividad del futuro Congreso está asegurada y, por ende, su debilidad.

Además, dos partidos que definitivamente van a tener una participación importante en la repartición de curules –Acción Popular y el Partido Morado– no van a tener una actitud destructiva hacia el gobierno. Más bien, los morados se perfilan como aliados y la inexperta bancada de la lampa como ecléctico rival. Mientras que Fuerza Popular no va a alcanzar la cantidad de votos necesarios para censurar ministros o vacar presidentes, su tan querido rol de control político.

En este contexto de oposición de baja intensidad pero con un Ejecutivo de reducidas capacidades políticas, es probable que Vizcarra se aboque a una actividad que le permita mantenerse en buenos términos con la ciudadanía: las preparaciones para el bicentenario, que gestionadas de la manera correcta podrían ser el equivalente a los Panamericanos para el gobierno en este año.

Lo único que le puede jugar ahora en contra al presidente son los errores de su propio equipo. Por lo demás, está a un paso de disfrutar –ahora sí sin sombras que lo acechen– de su gran victoria política.

PD: Discrepo en muchos puntos de la ponencia de Carlos Ramos, pero no la comento al detalle para esperar la redacción final de la sentencia luego del pleno del 14 de enero.