A raíz de la pandemia el restaurante ha reducido su aforo a 16 personas. Únicamente trabajan con reservas.
A raíz de la pandemia el restaurante ha reducido su aforo a 16 personas. Únicamente trabajan con reservas.
Nora Sugobono

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Después de meses en , moviéndome por las mismas calles y las mismas cinco paradas (y las mismas series de ) puedo dar fe de que es posible encontrar remedios inesperados -inspiración, sanación, lo que sea que uno busque- en actos tan sencillos que resulta doloroso constatar lo mucho que los dábamos por sentado antes. Antes, cuando creíamos que durarían para siempre.

Subir el volumen de la radio al máximo en un auto que se dirige al sur por la carretera, libre. La sensación que produce la arena entre los dedos cuando se camina por la orilla. El silencio de una noche estrellada sin casas ni edificios en el horizonte. El olor de un mar generoso. Y -acaso la más hermosa de todas- la dicha que se encuentra al sumergir la cuchara en un plato hondo colmado de cuando está recién hecho. Tan fresco que bien podríamos estar nadando en el Pacífico.

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No estamos muy lejos de eso. En Chalana, un restaurante marino que nació con aforo limitado (hoy la pandemia hace que sea incluso más reducido: tan solo 16 comensales) el mar lo rodea todo. No puede ser de otra manera: el local está ubicado al final de un pequeño muelle en el Hotel Libertador de Paracas. Los únicos dos sitios que encuentro en Lima con experiencias similares son la miraflorina La Rosa Náutica, y La Rana Verde en la Punta, Callao. Chalana es una versión más pequeña, boutique.

El cocinero limeño Miguel Pulache (izquierda, de negro) comanda el espacio que sigue todos los protocolos. A su lado, Salvador Velásquez, sub chef de Chalana. De momento, a raíz de la pandemia, solo se aceptan reservas de los huéspedes del Hotel Libertador.
El cocinero limeño Miguel Pulache (izquierda, de negro) comanda el espacio que sigue todos los protocolos. A su lado, Salvador Velásquez, sub chef de Chalana. De momento, a raíz de la pandemia, solo se aceptan reservas de los huéspedes del Hotel Libertador.

Del Callao precisamente viene la sazón (y el corazón) de Chalana estos días. El cocinero chalaco Miguel Pulache está anclado -perdón por el cliché- en el muelle cebichero desde hace tres años y goza como nadie probando y creando con el producto. Pescados y mariscos que salen del mismo mar que Miguel observa por la ventana de su cocina de viernes a domingo, todas las semanas. Allí llegó tras trabajar junto a (chef al mando de todas las propuestas gastronómicas de la cadena Libertador) en Maras; y es en Paracas donde ha establecido su hogar.

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En Chalana no hay una carta fija sino más bien una pizarra que marca el curso de esta travesía (de nuevo, perdón por el cliché). Tiradito de cabrilla natural presentado solo con limón, sal, ají y aceite de oliva. Causa de pulpa de cangrejo y kimchi. Cebiche de cabrilla con zarandaja. Luego están las reinas de la zona, las conchas de abanico, que llegan servidas a la chalaca con su limón, cebolla, apio, aceite de oliva, ají limo, culantro y choclo. Lo único que falta para cerrar con broche de oro una experiencia como esta es tirarse un clavadito desde el mismo muelle transcurrida una media hora después de la comida*.

En temporada alta (de fines de enero a Semana Santa) Chalana también abre de noche, de 7 a 10 p.m. La carta cambia y se convierte en una experiencia nikkei, donde el producto marino nuevamente destaca. Mientras dure la pandemia permanecerá cerrado -de momento- en ese horario.
En temporada alta (de fines de enero a Semana Santa) Chalana también abre de noche, de 7 a 10 p.m. La carta cambia y se convierte en una experiencia nikkei, donde el producto marino nuevamente destaca. Mientras dure la pandemia permanecerá cerrado -de momento- en ese horario.

El sol se va poniendo y eso indica que es tiempo de volver. Antes de la pandemia podríamos habernos quedado allí a cenar (otro concepto: comida nikkei) pero mientras esto dure Chalana permanecerá cerrado por las noches. Tampoco se reciben walk-ins (término en hostelería que se refiere a las personas que entran a hacer uso de algunos servicios del hotel, pero no están alojados) y solo se manejan reservas de los huéspedes. El mar no entiende de nada de eso, por supuesto. Basta con mirarlo un rato para entender que ahí la vida sí es más sabrosa, aunque en la tierra no sepamos bien qué será de nosotros.

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Restaurante Chalana

*Por seguridad es mejor no poner en práctica esta sugerencia. Sobre todo si se ha degustado vino, cerveza, gin & tonics o todos los anteriores.

Más información:

Horarios Chalana: Viernes a domingo, de 11 a.m. a 5 p.m.

Aforo: 16 personas. De momento, solo está abierto para los huéspedes del Hotel Libertador de Paracas.

Reservas Libertador Paracas:


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