"La lamentable necesidad del confinamiento en fiestas tuvo al menos un efecto positivo: unió a la familia, así haya sido a través de la fragmentada realidad del zoom".
"La lamentable necesidad del confinamiento en fiestas tuvo al menos un efecto positivo: unió a la familia, así haya sido a través de la fragmentada realidad del zoom".
Jaime Bedoya

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La lamentable necesidad del confinamiento entuvo al menos un efecto positivo: unió a la familia, así haya sido a través de la fragmentada realidad del zoom. Pero luego del consabido brindis y degustación remota de pavo y panetón las familias hicieron lo que las familias hacen: discutir.

Uno de los puntos inevitables de aquel debate fue la fiabilidad en la vacuna como salida de esta trampa pandémica. Las opiniones están divididas y estas han de ser respetadas. Inclusive la de aquellos anticuados que aún creen en la ciencia.

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Al mismo tiempo, todos tenemos una tía errebecista. Es la que asegura que la pandemia es un invento para inocularnos un chip que funciona con el control remoto del garaje. Es la tía que históricamente lleva un Cua Cuá en su cartera. Últimamente a la golosina le acompaña un frasquito de , por si acaso.

Hagamos realidad la convivencia entre ambos extremos. Una manera concreta de sacar de la mesa familiar estos temas espinosos es convalidando entre cada núcleo familiar un descargo de responsabilidad. Para los que solo ven series por streaming así es como se le llama en español al disclaimer.

Este documento evitaría gastar el alma en discusiones circulares en torno a si un veterinario salvará al Perú de una pandemia global, por citar un tema recurrente.

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Con la mejor voluntad se ofrece un formato modelo, sujeto a adaptación según se requiera:

Yo (nombre y apellido), en pleno uso de mis facultades y asumiendo conscientemente la calidad de mis conocimientos adquiridos a través de cadenas de Whatsapp, posts anónimos de Facebook, y comentarios oídos al vuelo en la cola de Wong, establezco mis convencimientos irreductibles respecto a la así llamada pandemia:

1. Nadie muere de Covid. Se trata de una pantalla estadística para asustarnos y manipularnos. Así nos obligan a usar bicicleta y a vivir encerrados simulando que nos soportamos y que pensar a solas es bueno.

2. Soy libre de usar la mascarilla debajo de la nariz a manera de protesta por la opresión policíaca a la libertad de expresión. Déjenme gritar a los cuatro vientos que desde que hago gárgaras con Ayudín respiro mejor.

3. En la playa nadie se enferma. Los poderes fácticos pretenden hacernos creer que el virus es inocuo en los centros comerciales porque hay termómetros, aforo y distancia, pero es letal al aire libre. Lo que en realidad quieren evitar es que todos juntos, tomando cerveza, entre abrazos de camaradería y chapes con lengua, cantemos a todo pulmón ese himno que nos identifica en nuestra batalla contra esta parálisis inducida:

4. Hasta que no lo digan las redes sociales no tengo por que creer que la polio, la rubeola, el sarampión, el tétanos y la varicela fueron enfermedades erradicadas gracias a las vacunas. No me consta.

Por estos motivos declaro bajo juramento lo siguiente:

A) No me voy a vacunar y prestarme a ser un conejillo de indias un nuevo orden mundial que pretende convertirnos en teléfonos celulares pre pago.

B) De sufrir un improbable cuadro de insuficiencia respiratoria, cedo mi lugar en una cama UCI a cualquier persona que, siguiendo las normas de prevención y sentido común, acabó contagiada por alguien como yo que desde el primer momento vio claramente que todo esto era una farsa manejada por reptilianos.

Este documento despejaría la polémica de la mesa familiar. Así tendríamos el tiempo para dedicarnos a conversar acerca de las cosas que nos unen. Como por ejemplo la gran tristeza de que el inmenso haya fallecido de algo que no existe.//

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