Renato Cisneros

Durante los dos o tres días que una delegación suya nos visitará como visita el médico al paciente agripado que jura estar con neumonía, los ciudadanos del Perú esperamos que esa digna comitiva pueda reunirse con todos los actores políticos a fin de que su informe final obtenga la cuota de balance adecuada.

Se da por descontado que primero tomarán nota del plañidero testimonio del presidente, y a continuación se deleitarán oyendo las exégesis de ese hombre un tanto pirado que oficia de primer ministro. Lo lógico sería recoger enseguida las versiones de los otros miembros del maltrecho gabinete, cuya composición, por cierto, podría variar por completo durante su breve estadía, atentos a eso.

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Sin embargo, para enriquecer sus conclusiones y entender a cabalidad la situación que se vive en este reino del espanto, les pedimos no ignorar a los turbados voceros de la oposición, no duden de que les darán la bienvenida portando ingeniosas pancartas donde la palabra ‘fraude’ aparecerá con curiosa reiteración. Reciban esta vez al nublado cuarteto de Washington, ábranles la puerta, déjenlos pasar, ahórrenles otra vergüenza como la de julio del 2021, no importa que hayan cambiado drásticamente de opinión y hoy consideren “imperdonable injerencia” lo que en su día denominaron “imprescindible arbitraje”.

Que su tour guiado por la capital incluya Palacio de Gobierno, el Congreso de la República, el Poder Judicial, pero también la Defensoría, la Controlaría, el Tribunal Constitucional, la Comandancia General del Ejército y, por qué no, el Museo de la Memoria. No estaría de más escuchar al cardenal Barreto, al coronel Colchado, a la fiscal de la Nación, al señor procurador, al banquero Velarde; incluso podrían darse tiempo de juntarse con el alcalde de Lima en, por ejemplo, el bar del Maury.

No olviden considerar el testimonio siempre valioso de los aguerridos hombres y mujeres de prensa en todas sus variantes: la perseguida, la alternativa, la de señal abierta, la de señal digital, la que pulula en Internet, la que malvive de suscripciones, la que presume de independiente, la que se pavonea de democrática, la que cocina diarias porciones de suculentas fake news. Si por razones de espacio en su agenda les resultara imposible dar cabida a todos ellos, bastará con buscar a los autores de las viñetas de humor: suelen tener el panorama más claro.

Y, sobre todo, pongan atención a los comentarios de los corresponsales y enviados especiales que llevan años de vertiginoso esparcimiento en el país. Denles bola a los analistas, los constitucionalistas, los diseñadores de encuestas, los opinólogos, los influencers, los trolls que se hacen pasar por community managers. Vayan a la Confiep y a la CGTP. Hablen con los expresidentes, tanto los que no han perdido su libertad (hasta el momento), como aquellos que son parte destacada de la ingente población carcelaria.

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No dejen de preguntar por los Dinámicos del Centro, los Gánsters de la Política, los Cuellos Blancos y, ya puestos a ello, consulten por las últimas denuncias de los dicharacheros colaboradores eficaces y por el paradero de la escurridiza parentela del mandatario. Dense una vuelta por el pasaje Sarratea 179, asistan a una clase matutina de la Escuela Naranja, llamen con fe a la puerta de los líderes que hace un año postulaban a la presidencia seguros de vencer y hoy están, cómo decirlo, un poquito replegados del pandemonio nacional.

Prendan la televisión, enciendan la radio, suban al Metropolitano, recorran plazas, almuercen en mercados, préstenle un oído al pueblo y el otro también. Siéntense al menos un minuto con rojimios y rojetes, con cojudignos y caviares, con fachos y golpistas, con patriotas, con reservistas y, en un ejercicio de sadismo o entereza, empeloten, cinco minutitos nomás, a algún representante de la Coordinadora Republicana, algún dirigente de Con Mis Hijos no te Metas y, para cerrar la trilogía, a algún portavoz de La Resistencia (sus aportes, de tenerlos, pueden resultar involuntariamente útiles).

Señores de la OEA, en esta visita con ribetes de inspección sanitaria, en su propósito de identificar elementos perturbadores de nuestro sistema democrático, hagan el esfuerzo de reunirse con todos. No le crean a nadie. //

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