"En un mundo lleno de estrés, bienvenida
cualquier práctica que ayude a nuestro
cerebro a producir menos cortisol". Lee la columna de Lorena Salmón. (FotoIlustración: Kelly Villarreal / Somos)
"En un mundo lleno de estrés, bienvenida cualquier práctica que ayude a nuestro cerebro a producir menos cortisol". Lee la columna de Lorena Salmón. (FotoIlustración: Kelly Villarreal / Somos)
Lorena Salmón

La cosmovisión andina no separa al hombre de la naturaleza: tanto el hombre como la viven unidos y entrelazados. La naturaleza es un ser vivo y el hombre ni la domina ni pretende hacerlo, solo la armoniza y se adapta a ella.

Las montañas, los ríos, las lagunas, el sol, la luna, son sagrados para ellos, como debería serlo para todos nosotros.

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Cómo no sentirlos sagrados si en el momento en el que los vemos no hay suficiente capacidad de asombro. Cómo no sentirlos sagrados si, estando al lado, desaparecemos para sentirnos parte de un todo mágico y poderoso.

Duilio Vellutino, arequipeño de nacimiento, aventurero de corazón, vísceras y fibra, nos recibe en las orillas de la laguna de Huaypo, en el Valle Sagrado de los Incas. Este aventurero, a quien conocí años atrás durante un campeonato de deportes de aventura, ha convertido en pasión su medio de vida: crear experiencias maravillosas de viaje en medio de la naturaleza.

Y está aquí para guiarnos por un paseo en kayak a mí, mi esposo y mis adolescentes hijos.

Después de las indicaciones básicas y de adaptarnos para el trajín (hay que ponerse chaleco salvavidas y el traje de falda del kayak) tomamos remos y salimos al agua.

El paseo invita a guardar silencio en medio de la absoluta quietud, para escuchar el agua, la fauna, para sentir el viento. El sol brilla, el cielo de Cusco es quizás uno de los regalos más hermosos de la vida.

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El paseo termina con un pícnic de lujo que Duilio y su equipo tienen preparados. El anfitrión debería hacer stand up comedy por su histrionismo; tiene tantas historias increíbles que uno solo quiere escucharlas.

Nos gustó tanto la experiencia y la compañía que decidimos al día siguiente probar otro de sus paseos: Duilio ha nombrado al camino inca que va desde Chinchero hasta el valle como la Quebrada de la mente y el sistema nervioso, practicar mindfulness sin darnos cuenta –hay que estar atento a cada paso que damos, hay tramos del camino que son precipicio–, poner los pies literalmente sobre la tierra.

‘Munaycha’ significa cariño o bonito, por eso es que Vellutino eligió esta palabra quechua para nombrar a su compañía de experiencias de viaje. Con este testimonio, corroboro su misión: Cusco es mágico por naturaleza, pero la oportunidad de hacer algo diferente –además de visitar las ruinas– es increíble, el poder estar inmersa en ella con los cincos sentidos puestos sobre cada paso, olor, color, temperatura sentida. “Es como un baño de bosque”, le comento a Duilio.

En Japón, los baños de bosque son prácticas con fines espirituales que permiten que la persona camine sin prisa, con tiempo y atención por medio de la naturaleza, guiada por un experto.

Los baños de bosque se han vuelto famosos por sus increíbles beneficios: en un mundo lleno de estrés, bienvenida cualquier práctica que ayude a nuestro cerebro a producir menos cortisol.

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Quería literalmente escaparme a Cusco en medio de la pandemia, así que venir aquí la primera semana del año ha sido la terapia que mi alma necesitaba. Compartí con mi familia en medio de la naturaleza impactante de Cusco, visité Machu Picchu, y otras maravillas, sin gente y sin colas, conocí nuevos amigos –Duilio y Ximena, gracias por todo– y me reencontré con amigas de la vida (Claudia: te llevo conmigo a donde vaya).

Cusco es mágico. Siempre lo ha sido. //

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