Los protagonistas: Sandra Riva, Raul Martin y Julio Alemán.
Los protagonistas: Sandra Riva, Raul Martin y Julio Alemán.
Oscar García

Redactor en la revista Somos

oscar.garcia@comercio.com.pe

La Muralla Verde, la tercera película de , no ha tenido la misma suerte que buena parte del mejor cine peruano, que hoy está preservado en ediciones en DVD o subido en plataformas de streaming. no tiene edición oficial más que una que salió en VHS hace décadas. En YouTube está subida pero en muy baja calidad. Para algunos cinéfilos se trataría de la mejor película peruana que “nadie ha visto”. Su trama es sencilla, la forma en que es contada no tanto: en la selva de Tingo María, una familia de colonos se asienta para huir del tedio limeño y labrarse un futuro pero se topan con una muralla. Con dos, en verdad. La más obvia es la barrera natural: el monte indomable y lleno de peligros. La otra muralla es la burocracia, que es antagonista de la inocencia y sueños de progreso representados en la imagen del niño y el destino que se le reserva.

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La Muralla Verde, estrenada un 16 de julio de 1970 y ganadora de los premios principales en el Festival de Chicago y en el de Moscú, nació de los recuerdos de colono de Robles Godoy, quien durante ocho años vivió en la selva con su familia, tratando de forjarse como agricultor, incentivado por un programa nacional de colonización de la amazonía que fue un fracaso. “La Muralla Verde no es una obra de creación sino de memoria”, le dijo el cineasta a la revista Caretas en 1973, confirmando la fuente autobiográfica de lo representado. “A mí no me venció la montaña sino la burocracia”, añadió sobre sus días en el bosque.

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Regresado del campo a la ciudad, Robles Godoy -hijo de Daniel Alomía Robles, el compositor de El Cóndor Pasa- se inició en la dramaturgia, la literatura y finalmente en el cine, con la cinta Ganarás el Pan (1965), a la que siguió la también premiada En La Selva No Hay Estrellas (1967) y luego La Muralla Verde. En ella plasmó sus influencias más notorias, las del cine de autor europeo (Resnais, Antonioni) que conquistaba por esos años a los cinéfilos más curtidos. Era un cine muy personal, de búsquedas estéticas y nuevas formas de representación que se proponía ir más allá del relato de género o los argumentos de intriga policial. Robles abrazó todo ello como una revelación y un camino de vida.

La portada del VHS con la que se comercializó la película.
La portada del VHS con la que se comercializó la película.

Como autor, quería que su personalidad atravesara todas las principales instancias de la realización, desde la dirección y el guión hasta la producción. Deseaba que su tercera película la protagonice Anthony Quinn (el mismo de La Strada, de Federico Fellini o Zorba el Griego) y le envío una carta pero este se excusó con otra, que el hombre de cine conservaba, más que nada por las palabras afectuosas que le dedicó. En su lugar llamó al actor mexicano Julio Alemán. “Era un profesional impecable. Recuerdo una escena en la que él tenía que meterse al río y estaba asustado. No quería y, carajo, tuve que calatearme y meterme yo, para convencerlo” le dijo Robles a Somos en el 2007, recordando anécdotas del rodaje.

La Muralla Verde fue duramente recibida por la crítica local, acusada de ser pretenciosa, fría, cerebral o estetizante, o de concentrarse más en la fotografía (muy cuidada, a cargo de su hermano Mario Robles) y menos en la construcción de personaje o de un relato propiamente dicho. El destacado semiótico y crítico cinematográfico Desiderio Blanco, empezaba su análisis de la película en 1970 señalando “Robles Godoy continúa por el camino de las equivocaciones”, una extensa reflexión que , por su escrupulosidad, así se discrepe de ella o no se compartan sus puntos.

La Muralla Verde se estrenó el 16 de julio de 1970. Aviso de la época aparecido en la prensa (Fuente: Fanpage Armando Robles Godoy, en Facebook).
La Muralla Verde se estrenó el 16 de julio de 1970. Aviso de la época aparecido en la prensa (Fuente: Fanpage Armando Robles Godoy, en Facebook).

La crítica internacional la vio con otros ojos. El reconocido crítico Roger Ebert se preguntaba maravillado en su reseña de 1972 cómo una película así podía provenir de un país como el Perú, con su “”. “La Muralla Verde es hermosa de muchas maneras diferentes, en su historia, su fotografía, en la construcción de sus imágenes, No parece simplemente una película sino una afirmación de la vida. No hay una nota desafinada en ella, nada que mienta o que sea un truco, y nos recuerda a Ladrón de Bicicletas o El Niño Salvaje”.

Fotografía tomada en Tingo María en 1969. Armando Robles Godoy lee atentamente el guion de “La muralla verde”, considerado su filme más personal.
Fotografía tomada en Tingo María en 1969. Armando Robles Godoy lee atentamente el guion de “La muralla verde”, considerado su filme más personal.

En el año 2005, la revista de cine Godard! puso el largometraje de Robles a la cabeza de su comentada lista sobre “Las películas peruanas que importan”. “En esa época era muy difícil acceder a cintas peruanas antiguas. La que más nos impresionó de todas, a Sebastián Pimentel y a mí, fue La Muralla Verde, que yo no había visto. Era una copia en VHS, que creo que es la única que ha circulado hasta ahora, y a pesar de ser una copia de baja calidad, era demasiado poderosa para ignorarla”, rememora el crítico peruano Claudio Cordero, co director del .

“Cuando finalmente la vimos -continúa Cordero- fue como encontrar la piedra angular del cine peruano. La primera creación artística, importante y lograda que se ha hecho en el Perú por un cineasta nacional. Tiene una mística y un poder de conmover que es muy fuerte. Creo que rescatar La Muralla Verde fue lo mejor que hicimos con Godard!. Le hicimos un homenaje que se sentía como un acto de desagravio público. Fue muy genial haber hecho eso porque fue un homenaje en vida a alguien que en su país no recibió un trato serio”.

La película nació a partir de una novela escrita por Armando Robles Godoy pero publicada recién en 1971. Se editaron 2.000 ejemplares y no ha sido reimpresa. (Fuente: Fanpage de Armando Robles Godoy, en Facebook).
La película nació a partir de una novela escrita por Armando Robles Godoy pero publicada recién en 1971. Se editaron 2.000 ejemplares y no ha sido reimpresa. (Fuente: Fanpage de Armando Robles Godoy, en Facebook).

A continuación reproducimos el extracto de una entrevista de Somos del 2007, en la que Robles Godoy se explaya sobre la cinta, la incomprensión con la que fue recibida, los premios que ganó, y sobre todo, por qué no existe una edición digital decente,

Somos: Usted siempre ha calificado la crítica como la eyaculación precoz…

Armando Robles Godoy: ...de la función intelectual (risas).

S: ¿No es irónico entonces que un grupo de críticos haya elegido a “La muralla verde” como la mejor película peruana?

AR: Quizá eso también es una eyaculación precoz (ríe). Bueno, yo siempre me he llevado bien con los jóvenes, creo que les caigo bien a los muchachos que siempre son iconoclastas, y está muy bien que lo sean. Y esto que me dices es fruto de un momento en el cual la crítica no ha estado monopolizada por un conjunto de vacas sagradas, sino que de repente ha entrado una vena de juventud. Sin que eso signifique que por provenir de un joven, toda crítica deba ser aceptada. No, la estupidez es patrimonio de la Humanidad, no es monopolio de una edad.

S: “La muralla verde” fue destrozada por la crítica en su tiempo.

AR: No le fue mal. Fue un éxito afuera. Solo fue un fracaso para los críticos peruanos.

S: ¿Cómo lidió con esas críticas?

AR: Lo que pasa es que yo soy sadomasoquista. La primera vez que leí una crítica positiva de una película mía, me sentí muy mal. Me dije: ‘si le ha gustado, debe ser que es una porquería’ (risas). No te voy a engañar diciéndote que me hacen feliz las críticas, pero sí me da cierta satisfacción comprobar que estoy contra la corriente. Pero eso no me dura ni par de días, porque al rato se impone el conocimiento que tengo de que aquí en el Perú la crítica no significa nada. Que a un crítico no le guste una película no significa nada.

S: ¿Hay alguna copia de “La muralla verde” en el país?

AR: Está en video. Bueno, yo tengo una copia en película de 16mm que no está mal. Lo malo es que ese sistema tradicional envejece muy mal. Entonces esa copia, que es la única que queda, ni siquiera la quiero tocar. Es terrible eso de no ser dueño de tus películas, porque yo nunca he sido productor, salvo en “La muralla verde”. Quizá lo mejor sería pasarla a DVD. A La Muralla… no le fue mal en público. Lo sé porque yo era productor.

S: ¿Cómo nació ese proyecto?

AR: Yo tenía fresca mi experiencia como colono en la selva, y había escrito una novela que se llamaba “La muralla verde”. Fue un año de rodaje interrumpido por tramos. Yo quería que Anthony Quinn actuara. Ahí tengo la carta que me mandó diciendo que no podía. Muy linda. Conseguimos a Julio Aleman, un profesional impecable. Recuerdo una escena en la que tenía que meterse al río y estaba asustado. Carajo, tuve que calatearme y meterme yo, para convencerlo. Pero lo hizo muy bien. Yo me sentía muy cómodo porque reproducía una cosa que yo ya conocía. La Muralla habrá costado 120 mil dólares, lo que ahora te cuesta un comercial de un minuto. En comparación, a niveles internacionales, una película de razonable calidad técnica, no baja de los 500 mil dólares. //


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