Estanislao Fernández acompañó a su padre Alberto en la toma de mando el último 10 de diciembre. Lo hizo con una bandera LGTBIQ en la solapa de su traje.
Estanislao Fernández acompañó a su padre Alberto en la toma de mando el último 10 de diciembre. Lo hizo con una bandera LGTBIQ en la solapa de su traje.
Vanessa Romo

Estanislao supo que su padre lanzaría su candidatura a la presidencia de Argentina siete horas antes de que este la hiciera pública. Los dos días previos a ese anuncio, a mediados de mayo del 2019, Alberto Fernández, político peronista de larga data, lo buscó incansablemente para conversar. Estanislao, agotado por el trabajo diurno como diseñador gráfico y el nocturno como Dyhzy –su nombre de drag queen– entendió que recibiría una noticia que le transformaría la vida. Cuando su padre se lo dijo, se echó a llorar.

Para nadie fue una sorpresa su reacción ante la candidatura de Fernández. Estanislao conocía bien lo que le esperaba: el escrutinio mediático, el acoso por redes cuando la gente conociera que el hijo del entonces posible próximo presidente de la nación no solo era bisexual, sino artista drag. En un país aparentemente progresista como Argentina, la discriminación y la violencia contra la comunidad LGTBQ crece a diario.

El temor de Estanislao no se basaba en presunciones. Su padre fue jefe del gabinete de ministros desde el 2003 al 2008, en los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Tenía siete años cuando pisó por primera vez la Casa Rosada, el palacio de gobierno argentino, y se hizo amigo de Florencia, la hija menor de la familia presidencial. En ese mundo de políticos y diplomáticos escuchó las primeras críticas a su forma de ser –muy afeminado– y vestir –mucho rosa–. No tardó mucho en decidir que ese no era un lugar para él.

(Foto: Archivo Familiar)
(Foto: Archivo Familiar)

Si no lo fue a los siete, a los 25 tampoco lo sería. Lo fue comprobando mientras se acercaban las elecciones. “El tema de tu hijo va a aparecer”, le dijo un periodista a su padre en una entrevista.

—Ya apareció. ¿Cuál es el problema?

—Bueno, yo no tengo idea de quién es tu hijo…

—Es el ‘pibe’ más creativo que conocí. Estoy orgulloso de él.

Ese ‘tema’ era ser drag queen. “¿Me puedes explicar que es eso?”, le dijo en ese momento el periodista. Para Estanislao quedaba claro que todo tenía un mismo origen, el desconocimiento.

Así también lo interpretó cuando uno de los hijos del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, posteó en Twitter una foto suya con un arma en las manos y, al lado, la foto de Estanislao como Dyhzy, la misma que ven en esta página. “Quiero decirle a la comunidad LGTBQ de Brasil que estamos juntes en esta lucha. El amor siempre vence al odio”, fue la respuesta de Estanislao.

-UNA FAMILIA DISTINTA-

El periodista Franco Torchia, uno de los pocos que ha podido entrevistar a la esquiva Dyhzy, señala que el principal shock de la aparición de Estanislao como drag queen fue porque la clase política argentina ha hecho esfuerzos monumentales por reproducir esquemas de familia tradicional, independientemente de la filiación política.

“El ‘kirchnerismo’ es una oda matrimonial y el luto que usó Cristina por muchos meses cuando falleció Néstor era una forma de buscar ser ‘normal’”, afirma Torchia a Somos. Para el periodista, ese mismo esquema lo repitió el ex presidente Mauricio Macri hasta hace menos de un mes. “Se construyó una ficción de familia. Eso no quiere decir que era una familia de mentira, sino que se puso en el centro a la hija menor y los otros hijos fueron ocultados porque no calzaban en esa figura”, comenta.

Torchia cuenta que con Alberto Fernández –que no está casado, que ha puesto a su ex novia en un cargo de confianza y que tiene un hijo drag queen– ese esquema se rompe.

Estanislao es Dyhzy cuando caracteriza personajes (cosplay) y cuando se presenta en discotecas. Tiene 416 mil seguidores en Instagram.
Estanislao es Dyhzy cuando caracteriza personajes (cosplay) y cuando se presenta en discotecas. Tiene 416 mil seguidores en Instagram.

“Que el hijo del presidente de la República no pueda ser encasillable es algo nuevo para la Argentina”, agrega Ricky Pashkus, director de teatro de la obra Kinky Boots, una pieza de Broadway que cuenta la historia de un drag queen. “Me parece importante que haya esa presencia para que se conozca más el arte del transformismo”, nos dice.

Para el antropólogo Álex Huerta Mercado, mucha de esta reacción desconcertada –y en algunos casos violenta– es propia de una Latinoamérica que culturalmente y en temas de sexualidad e identidad, no avanzó a la par que el resto de Occidente.

“En las décadas de los 60 y 70 se vivió una revolución juvenil y se cuestionaban las estructuras tradicionales. Sudamérica, en cambio, vivió esas épocas bajo el impacto de gobiernos dictatoriales con ideas conservadoras”, señala el también docente de la PUCP.

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Huerta añade que para este tipo de situaciones es importante ver que las redes sociales han abierto la caja de pandora de agresividad que se encuentra contenida en la sociedad. “Es como una suerte de poder nuevo que, sin embargo, parece basarse en la agresión”, señala.

-OTRA FORMA DE ARTE-

El transformismo o ‘dragqueenismo’ no es una manifestación artística reciente. “En la primera etapa se hacía porque, por motivos discriminatorios, las mujeres no podían actuar en obras de teatro y los hombres tenían que vestirse para interpretar papeles femeninos”, cuenta Pashkus. Fueron drag queens las que comenzaron la revuelta de Stonewall en Nueva York en 1969 para exigir derechos para la comunidad LGTBQ. Ahí nace la marcha del orgullo gay que se repite anualmente en todo el mundo.

“El drag es una performance, una acción que transmite un conocimiento”, describe Huerta. El antropólogo refiere que el cuerpo se convierte en un lienzo donde se expresa el absurdo que es limitar la identidad a una heteronormatividad de hombre o mujer.

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“Me parece valioso que sea difundido puesto que vivimos en una sociedad con poca conciencia del derecho a la diferencia de identidades y de igualdad ante la ley”, agrega Huerta. “El drag puede llegar a esferas muy conocidas, pero para seguir siendo drag debe mantener su rebeldía”, añade Pashkus.

Tras una temporada de acoso mediático que solo creció con la elección de su padre a la presidencia, llegó el día de la toma de mando. Estanislao era solo Estanislao, con el cabello peinado a un lado como un gamer y con la bandera de arcoíris, símbolo LGTBQ, doblada en la solapa del traje.

“A Estanislao no le interesa ocupar un cargo en el gobierno de su padre, pero tiene claro que siempre luchará por los derechos de su comunidad y de los mismos drag queens”, indica el periodista Franco Torchia.

Luego de 18 años de pisar por primera vez la Casa Rosada, Estanislao lo volvía a hacer. Salió a saludar junto a su novia y su padre a un pueblo argentino expectante de un cambio. Su sola presencia ya es señal de ello. //