El estadio Guillermo Briceño Rosamedina, donde tuvo lugar el encuentro, está a 3.800 m s.n.m. (Foto: GEC)
El estadio Guillermo Briceño Rosamedina, donde tuvo lugar el encuentro, está a 3.800 m s.n.m. (Foto: GEC)
Christian Mestanza Arquiñigo

Para cualquier equipo acostumbrado a jugar en el llano afrontar un partido en la altura representa un reto, esto no es una novedad. El ejemplo más cercano en el fútbol local es el de , que perdió 4 a 1 contra al enfrentarlo, el pasado domingo, en Juliaca, a 3.800 metros sobre el nivel del mar.

No obstante, aunque estamos muy bien documentados sobre las consecuencias de jugar en la altura, poco conocemos sobre el efecto inverso, es decir, de lo que pasa cuando un deportista de altura baja al llano. ¿También les afecta?

El estadio Guillermo Briceño Rosamedina, donde tuvo lugar el encuentro, está a 3.800 m s.n.m. (Foto: GEC)
El estadio Guillermo Briceño Rosamedina, donde tuvo lugar el encuentro, está a 3.800 m s.n.m. (Foto: GEC)

Primero hay que entender que a mayor altura hay menor presión de oxígeno, lo que provoca que a nuestro cuerpo (si no está adaptado) le tome más trabajo poder obtenerlo. Como consecuencia, es común sentir fatiga, cefalea, insomnio o una serie de problemas que ocurren generalmente al cabo de unas horas de haber llegado a una zona de gran altitud, explica a El Comercio el médico deportivo Julio Grados.

Pero ¿qué sucede en el caso contrario?

“Cuando una persona acostumbrada a la altura baja al llano, también hay cambios fisiológicos. En este caso va a ser en sentido inverso. Al bajar, se va a producir una especie de ralentización de la sangre a nivel de los vasos sanguíneos, se hace “más espesa” y, por lo tanto, el corazón va a trabajar más, comenta el especialista.

“Si el deportista tiene una capacidad cardíaca de frecuencia al jugar, conforme pase el tiempo, esta va a ir disminuyendo. Eso va a hacer, por ejemplo, que se canse un poco más en el segundo tiempo por un menor volumen cardíaco”, añade.

Además de esto, Grados puntualiza que el riñón también va a esforzarse más porque en las ciudades de altura la temperatura del ambiente es menor, en cambio en Lima, ya está aumentando, por lo que la deshidratación va a ser mayor.

“El riñón, los músculos, todo se va a deshidratar más rápidamente que en la altura, por lo tanto [los jugadores], tienen que tomar más líquidos y hacer una serie de cosas más, pero el hecho es que el riñón va a tener mayor trabajo”, señala.

Por último, está el problema de los edemas. “Si el corazón y el riñón se exigen más, la manera de defenderse del cuerpo va a ser creando hinchazón en la piernas”.

Con todo lo señalado por el médico, cabe suponer que el conjunto de Binacional tampoco va a tener las cosas fáciles al jugar en un ambiente distinto al que está acostumbrado.

Grados recalca que si se quiere contrarrestar los síntomas del cambio de altitud, lo recomendable es que el equipo venga lo antes posible a Lima, además, debe tener una nutrición basada en alimentos ricos en agua como las frutas, básicamente para combatir la deshidratación, así como aumentar la cantidad glucógeno y bajar el consumo de proteínas porque que cargan el hígado, que está muy relacionado con el riñón.

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