Jazmín Flores

La cantidad de mujeres que sufren a diario, en cualquiera de sus formas, es alarmante. No solo las cifras hablan por sí solas, sino que es muy probable que tú o alguna cercana a ti haya vivido alguna vez en su vida algún tipo de violencia. Si bien nunca nadie estará lista para afrontar una situación así, podemos poner en prácticas ciertos pasos que nos ayudarán a salir de ahí. En el , te enseñamos todo lo que puedes (y debes) hacer en caso hayas sido víctima de violencia.

Primero: reconoce tus emociones

La recomendación central de la guía que se repite (y repetirá) hasta el cansancio es “salir de ahí”. Esa es la meta, pero dejar una situación de violencia a la primera no es tan fácil como parece. De acuerdo a Valeria Diaz, psicóloga y activista anteriormente voluntaria de la ONG Manuela Ramos, salir de una situación de violencia es una realidad mucho más complicada, pero no imposible. ¿La clave? Dar el primer paso del reconocimiento de las emociones que estás sintiendo en el momento.

“El primer paso es que reconozcas que tienes miedo, que estás muy ansiosa, que tienes miedo de estar sola, que tienes miedo a equivocarte o que tengas miedo de contarle a alguien. Que lo valides no significa que te vayas a quedar, pero sí te da un poco de paz. Reconoce esa voz interior”, recomienda la especialista.

“La violencia psicológica o emocional es la que se ve en muchas dinámicas, pero se termina normalizando”, afirma la especialista.
(Foto: Freepik)
“La violencia psicológica o emocional es la que se ve en muchas dinámicas, pero se termina normalizando”, afirma la especialista. (Foto: Freepik)

Una vez que hayas cruzado el pantano de estas emociones, el siguiente paso es reconocer que toda toma de decisión implica una renuncia. “Basta con que una parte tuya quiera inclinarse a querer irse o salir de esa situación de violencia para aferrarte a eso. Agarrándote de un pensamiento, un mantra, una foto, una imagen, un sueño, una meta, lo que sea, pero aférrate a eso”, afirma.

Y para poder irte realmente de allí, no necesitas perder totalmente el miedo. Con todo y miedo, puedes ir haciéndolo de a pocos, a tu propio ritmo.

Segundo: acude a redes de apoyo

Una vez que hayas reconocido tus emociones y hayas tomado la decisión de irte, es hora de buscar redes de apoyo. No tienes que decírselo a todo el mundo, basta con que se lo digas a una persona. Y si tienes miedo del qué dirán, no pasa nada, pon tus reglas y sé clara sobre lo que estás dispuesta o no a hablar en el momento. Puedes acudir a amigas, vecinas, compañeras, familiares o alguien cercano a tu entorno en quien sientas seguro depositar tu confianza.

De acuerdo a la especialista, acudir a otras personas te ayudará a aliviar la carga de la situación. Si bien te pasó a ti, no tienes por qué afrontarlo tú sola. Confía en otras mujeres de tu entorno para poder sobreponerte y lograr superar lo sucedido.
(Foto: Freepik)
De acuerdo a la especialista, acudir a otras personas te ayudará a aliviar la carga de la situación. Si bien te pasó a ti, no tienes por qué afrontarlo tú sola. Confía en otras mujeres de tu entorno para poder sobreponerte y lograr superar lo sucedido. (Foto: Freepik)

Pide ayuda profesional

Y si no te sientes preparada para confiar en alguien que conoces, existen diversas entidades que te pueden ayudar (incluso algunas de forma anónima). Para ello, la ONG Manuela Ramos cuenta con una guía de profesionales y entidades públicas y privadas que te pueden informar, orientar y acompañar si has sido víctima de violencia.

  • CEM (Centro de Emergencia Mujer): Un servicio público que encuentras en cualquier región y en casi todos los hospitales. Mediante la atención personal, brinda orientación legal, psicológica y social, en especial a víctimas de violencia familiar y sexual. Puedes ubicar tu CEM más cercano en la guía del Directorio CEM Nacional.
  • Línea 100: Un servicio del Programa Nacional Contra la Violencia Familiar y Sexual del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables. Esta línea gratuita las 24 del día (incluído feriados) brinda orientación sobre violencia familiar y abuso sexual de la mano de profesionales en derecho, psicología y trabajo social. Puedes llamar de forma anónima y confidencial desde cualquier teléfono fijo, público o celular.
  • Demuna (Defensoría Municipal del Niño y Adolescente): Ubicada en cada municipalidad de cada distrito o provincia, este servicio brinda atención gratuita mediante la conciliación en temas relacionados a las visitas, tenencias y aportes para alimentos a nivel familiar.
  • Centros de Salud: División del MINSA que brinda atención, tratamiento y terapias gratuitas. También emiten certificados de salud física y mental que podrán ayudarte en caso de querer denunciar.
  • Defensoría del Pueblo: Organismo autónomo que recibe quejas de la ciudadanía respecto a los servicios que no se atienden adecuadamente. La atención es gratuita. Puedes consultar y chatear vía WhatsApp, o presentar tu caso mediante un formulario. Encuentras más información en su página web .
Todas las líneas y centros mencionados brindan atención gratuita a cualquier que lo solicite.
(Foto: Freepik)
Todas las líneas y centros mencionados brindan atención gratuita a cualquier que lo solicite. (Foto: Freepik)

Tercero: lleva terapia psicológica

Si no tienes los recursos para financiar tu terapia, puedes llevarla de forma gratuita a través de las líneas y centros mencionados en la lista. De cualquier forma, es importante que entiendas lo saludable y necesario que es llevar terapia psicológica luego de haber sufrido un episodio de violencia, sin importar su gravedad.

De acuerdo a la especialista, llevar terapia te ayudará a procesar y sanar lo que viviste. Así tengas miedo, no te debes dejar doblegar por él o por el estigma de que la terapia solo es para gente que no está en sus cinco sentidos. Y si no te sientes a gusto con la terapeuta, pues cambias. Cambias hasta que encuentres una con la que te sientas cómoda y segura para compartir este difícil episodio en tu vida.

Olvídate de la creencia de que la terapia psicológica es una carga más, por el contrario, será el espacio ideal para poder entenderte, sanar y soltar el pasado.
(Foto: Freepik)
Olvídate de la creencia de que la terapia psicológica es una carga más, por el contrario, será el espacio ideal para poder entenderte, sanar y soltar el pasado. (Foto: Freepik)

Cuarto: denúncialo

Procesar y dejar atrás una situación de violencia no es nada fácil, sobre todo si sabes que el agresor continúa siendo un potencial peligro para ti u otras mujeres. De acuerdo a la psicóloga, denunciar al agresor es cuestión de llenarte de apoyo y fuerzas para decidir si lo haces o no. “Hay procesos mentales, emocionales y fisiológicos muy complejos, así que hay que hacerlo con cuidado”, afirma.

En caso hayas decidido denunciar, existen tres instituciones gubernamentales a las que puedes acudir: la Policía Nacional del Perú, el Ministerio Público y el Juzgado de Familia. Y si no te sientes segura o no sabes cómo proceder, las líneas y centros anteriormente mencionados pueden brindarte asesoría legal; al igual que ONG’s especializadas en el tema.

Denunciar al agresor es tu parte del proceso. Las instituciones referidas se encargarán de velar por tu seguridad y de lograr que se haga justicia.
(Foto: Freepik)
Denunciar al agresor es tu parte del proceso. Las instituciones referidas se encargarán de velar por tu seguridad y de lograr que se haga justicia. (Foto: Freepik)

Quinto: Prepárate para empezar de cero

Nunca, jamás, podrán adaptarse a vivir en violencia. Si esperas acostumbrarte a eso, nunca lo vas a hacer. Tu cuerpo no lo tolerará. Pero sí puedes adaptarte y acostumbrarte a empezar de cero a nivel económico, familiar o emocional. Súper difícil al inicio, pero sí puedes hacerlo. Al final de este camino sí hay una luz, a diferencia de la violencia que es un túnel sin salida”, en palabras de la psicóloga.

Empezar de cero supone una nueva oportunidad para ti. Y como todo cambio, puede ser difícil al comienzo, así que lo importante es que lo hagas a tu propio ritmo enfocándote en trabajar en tu autoestima, autonomía y en aprender a decir no.

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