Clases virtuales. (Foto: Jessica Vicente / GEC)
Clases virtuales. (Foto: Jessica Vicente / GEC)
Redacción EC

Muchos padres ya están cansados tras un año de pandemia. “No quiere hacer la tarea”, “no se conecta a la clase” y el muy famoso “apagó el micrófono y/o la cámara”, ya son parte del lenguaje común de todos los días.

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Sabiendo que posiblemente aún nos faltan algunos meses de clases virtuales o por lo menos híbridas, analizó las mejores prácticas de sus más de 500 escuelas en el mundo; a partir de este análisis, se desprenden dos recomendaciones que han tenido éxito para las familias alrededor del mundo:

El porqué del desinterés

Pregúntale cómo se siente con relación a las clases y por qué no está haciendo los deberes. Saber cómo se sienten es muy importante. Tal vez ya domina esa habilidad, y la tarea entonces le parece repetitiva, fácil o aburrida. De ser así, platica con el profesor y pídele que le den tareas más desafiantes y enriquecedoras.

Por el contrario, tal vez el menor encuentra la tarea demasiado difícil, lo cual es un problema bastante común, debido a la falta de colaboración directa entre profesores y alumnos. Si ese es el caso, pide hablar con la maestra y solicita alguna sesión adicional de asesoría.

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También puede ser que, simplemente, ya está cansado del entorno virtual. Refuerza la necesidad de protección y de la necesidad de utilizar adecuadamente nuestro tiempo y recursos digitales. Para esto no hay más solución que brindarle mucho apoyo durante las clases virtuales. De ser posible, uno de los papás debe escuchar la lección y estar listo para ayudar al pequeño a hacer las tareas. Sin embargo, es importante que la escuela esté al tanto de la situación para brindar apoyo también.

Evita luchas de poder

No es el momento de pelear, sino de compartir sentimientos y reforzar los vínculos de amor. He aquí algunas estrategias que pueden utilizar los papás para evitar confrontaciones:

  • Ayúdales a entender la importancia de la educación: habla con tranquilidad y de acuerdo con su nivel de desarrollo, acerca de “por qué tenemos que hacer esto”, sin amenazas.
  • Una estrategia eficiente es aplicar el sistema “primero hacemos esto y luego esto otro”: “primero completas tus tareas (bien) y luego puedes … (algo que el niño quiera hacer)”. Recuerda que cuanto más joven es el niño, menor es el tiempo en que puede concentrarse en una sola tarea. Es muy importante respetar eso al planificar actividades del día.
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  • Anticipa las transiciones a los periodos de trabajo escolar con tiempo. Muéstrale en la agenda del día o con el reloj y utiliza lenguaje positivo. Por ejemplo: “en cinco minutos es hora de hacer la tarea, después podemos salir a dar un paseo/ir en bici/etc.” Usa una agenda física que le permita al niño visualizar la rutina diaria, los tiempos y actividades.
  • Si el niño no coopera, valida lo que está pensando, haciendo y sintiendo. Usar preguntas equivalentes a “¿por qué estás siendo tan terca?” no resultará efectivo, ya que no te dará una respuesta lógica. Al contrario, reconoce sus sentimientos y empatiza con ellos, luego espera e intenta entender las razones. Mantente firme en tus límites, pero con calma. No utilices amenazas, ni castigos.
  • Muy importante, eso no implica un soborno tipo “si haces esto, te doy un helado”. El soborno con recompensa enseña la lección equivocada. Esto se trata de darle un poco de control y permitirle tomar ciertas decisiones acordes a su nivel de desarrollo.
  • Para el desarrollo de los niños, es importante ir incrementado el sentido de autonomía, pero los adultos debemos establecer límites seguros.

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