Verónica Linares: "La doctora corazón a veces necesita consejo"
Verónica Linares: "La doctora corazón a veces necesita consejo"
Redacción EC

Una vez estaba con una amiga actriz, muy conocida. Mi enamorado se despidió con un beso diciéndome: «Chau, reina, nos vemos más tarde». Suspirando me dijo: «qué lindo, eres su reina». Yo la bajé de la nube respondiéndole que seguro así había sido con todas sus enamoradas. Me miró sorprendida.

Les explico: es imposible que yo sea la primera mujer a la que le dice ‘reina’. A menos que fuera su primera enamorada. Pensar que tú eres la única con la que él ha reído, hablado de hijos, de vivir juntos, de viajar a lugares exóticos es engañarse. Además, todos los hombres le dicen reina a su reina o ¿no? ¿Me dejo entender?

Esta actitud a veces me convierte en gurú amateur de las relaciones y otras en la más pesada del mundo. Pero tengo amigas que me buscan para contarme sus problemas de pareja porque dicen que necesitan dosis de realidad.

Mi vida amorosa no ha sido muy nutrida, pero es suficiente para sacar algunas conclusiones. La más importante es que no sé nada. Normalmente uno cuenta sus victorias y no sus derrotas.

Luego de algunos fracasos, veo que es fácil ser profeta en tierra ajena. Yo no tuve una Verónica que me abriera los ojos para darme cuenta de que mis relaciones estaban acabando. Que no debía estirarlas porque corría el riesgo de que el otro lo hiciera por mí.

Pero si mis historias sirven de algo habré servido a la causa de la solidaridad femenina. Además, las batallas perdidas sirven para armar estrategias y atacar de nuevo, y quién sabe, ganar alguna guerra.

En mis relaciones trato de ser racional. No ser celosa, respetar los espacios, cero reclamos. Trato de no exagerar las cosas y colocarlas en su justa medida.

Aun así, intentando tener la cabeza fría, suelo equivocarme. Por ejemplo: siempre han acabado conmigo. No lo digo con orgullo, pero tampoco con tristeza. Es un dato. Creo que la única vez que me separé por iniciativa propia fue de un chico a los 14 años, pero ha pasado tanto tiempo que no cuenta. Miro atrás y noto que mis relaciones ya estaban terminadas desde antes de que me chotearan. Lo que aún no entiendo es por qué no lo notaba. ¿Acaso por temor a estar sola? No creo, no me considero de las que necesitan de un hombre para seguir adelante. Simplemente no quería ver.

Hay relaciones que con certeza no caminan, con maltratos de por medio. Pero hay otras, igual de peligrosas, que siguen en el tiempo. Seis meses, un año o diez se sostienen en mundos construidos. «Este chico es responsable». «No toma con sus amigos». «Tiene plata». «Me respeta». «Me ayudó». «Mi familia lo quiere». En un primer momento parecerían motivos para estar con alguien, pero terminan siendo pretextos para no separarse.

¿Cuál es la fórmula para saber si la relación que tienes será para siempre? No sé. Es la pregunta del millón. Lo que sí sé, es que en el fondo uno se da cuenta cuando algo no va bien. No necesitas de ninguna amiga que te lo haga ver. Es cuestión de dejar de lado el qué dirán, el temor a empezar de cero, de sobreproteger a los hijos y sobre todo, la costumbre.

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