Verónica Linares: "Frente al espejo del baño de mujeres"
Verónica Linares: "Frente al espejo del baño de mujeres"
Redacción EC

Dos chicas conversaban en el baño de un restobar de moda. No las veía pero logré escucharlas. Una le contaba a la otra que su enamorado criticaba todo el tiempo su físico: Que tal vestido no le quedaba, que había engordado, que estaba fea. Yo me preguntaba qué clase de patán insultaba así a su pareja.

Cuando me acerqué al espejo donde estaban, intenté reconocer a la protagonista de la historia. No supe quién era: ambas eran muy guapas. Tendrían unos 26 años y los llevaban de manera envidiable. Sin duda, un tipo estaba trapeando el piso con su autoestima. No digo que si hubiera visto a una joven poco agraciada habría justificación para el maltrato, pero al ver a esta muchacha tan bonita y tan ciega, me sorprendí aún más. Lo peor es que dijo que tenían planes de matrimonio.

Cuando una pareja pelea se hace daño, es cierto. Es verdad también que en una relación pueden decirse cosas muy hirientes, pues en la intimidad revelan sus defectos y en una discusión acalorada podrían usarlos para ofenderse.

No estoy de acuerdo con esos extremos, pero entiendo que a veces los sentimientos pueden más que la razón. Sin embargo, usar el aspecto físico de tu pareja como un arma en su contra, me parece inaceptable. Las mujeres tenemos una relación complicada con nuestro cuerpo y apariencia. 

No seamos hipócritas. Es verdad que ahora los hombres se preocupan más por cómo se ven, pero las mujeres les ganamos. La peluquería, el spa, las dietas, la ropa de moda, el botox, las cirugías son parte de un mercado que se alimenta de nuestra vanidad y, por qué no decirlo, también de nuestro deseo de alcanzar algunos estándares ajenos.

Me gustaría decir que aquella noche, en el baño de mujeres, me metí en la conversación de esa chica. Que la samaqueé un rato, que le quité la nube de los ojos, que salimos juntas de ahí y fuimos en busca del sujeto para decirle: «Soy más que tú, adiós». Pero no lo hice. Cerré el caño del agua y regresé a mi mesa. Le conté al amigo que me acompañaba y su respuesta me inquietó: me dijo que no debía sorprenderme porque así funcionan muchas parejas. Y que, lo más seguro es que llegarían al altar. Qué angustia.

Ellos saben que la apariencia es un tema sensible para nosotras y si lo usan en contra nuestra, son unos cobardes. En las redes sociales, por ejemplo, la forma más fácil de descalificar a una mujer es insultarla por su aspecto: cómo te dejan salir en televisión, hoy estas más fea que nunca, esa ropa no te queda, tus ojeras están horribles. Algunas aseguran que hay que pararlos enérgicamente. Yo no les hago caso. Un desconocido salvaje no merece ni una coma. PERO –y las mayúsculas son necesarias– si el hombre que dice que te ama te agrede refiriéndose a tu aspecto físico, entonces debes reaccionar. Una cosa es que tu chico quiera verte bien, y con tino te aconseje soltar ese quinto chocolate. Es más, creo que eso es positivo. Sin embargo, el maltrato verbal es intolerable. La violencia no debería ser un chisme al pasar frente al espejo de un baño de mujeres.

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