Enrique Planas

Dictó Introducción al Arte por última vez en el primer semestre de 1992. En setiembre de ese año, tuvo que abandonar a sus alumnos del primer año y a la facultad que él fundara para guardar cama. En junio del año siguiente, tras recibir todos los homenajes oficiales, dictar sus memorias y exponer sus últimos cuadros, partió con la conciencia tranquila. Hace 25 años, un 17 de junio, falleció Adolfo Winternitz.

Para Alejandro Alayza, decano de la misma facultad de Arte de la Católica entre el 2001 y 2005, es imposible quedarse con una de entre tantas lecciones que dejara el viejo maestro. "Creo que la lección de Adolfo fue muy grande y compleja", señala. Alayza apunta que Winternitz entendió que la universidad no podía estar desligada del arte plástico como acción creativa, allí donde la experiencia manual produce en el pensamiento un ideal, una calidad humana distinta. "Él fue como un neuma, un espíritu mayor que asume una experiencia que nos lleva más allá de una experiencia solamente intelectual", añade.

Como recuerda el artista, desde que Winternitz dirigió la Escuela de Artes Plásticas, tras su inauguración en 1953, la Universidad Católica enriqueció inmensamente su acervo con la intuición del maestro, nacida esta de su espiritualidad cristiana y la visión artística. "A nosotros, sus alumnos, nos enseñó a tener paciencia para la construcción y el trabajo. La disciplina de artista es la herramienta seria y creativa que nos ha permitido desarrollarnos", añade Alayza.

PARA LEER A RILKE
También profesor de pintura y dibujo de la institución, Rhony Alhalel puede numerar las lecciones que más recuerda de su maestro. La primera de ellas, oír de niño la insistente recomendación que Winternitz le hacía a su madre para que le diera la oportunidad de convertirse en artista. La segunda, escuchar de adolescente las mismas palabras, esta vez dirigidas a él mismo, durante la entrevista previa al ingreso a la entonces Escuela de Artes Plásticas de la PUCP.

Alhalel recuerda también las lecturas recomendadas de Rainer Maria Rilke para aprender a vivir como poeta, aprender el amor y respeto a los maestros, así como entregarse a la obra de arte y la vida misma. "Winternitz decía que no hay dificultades insalvables: siempre hay un camino, un medio para superarlas", señala. La clave, para el artista nacido en Viena en 1906, era insistir en las preguntas ¿deseo yo pintar?, ¿debo yo pintar?, ¿necesito yo pintar? Y, finalmente, sudar al encuentro con la vocación.

Cecilia Chávez, responsable de los cursos de modelado y dibujo del natural, recuerda aquellas lecturas de Rilke, sobre todo de sus "Cartas a un joven poeta". "Lo que nos dejó el profe Winternitz no son tanto lecciones, sino más bien enseñanzas. Nos decía que el arte es un amante muy celoso que insiste en que nos entreguemos a él en cuerpo y alma. El nuestro debía ser un aprendizaje espiritual", comenta.

Chávez recuerda un aspecto poco conocido del pintor: su afición a la frenología (teoría médica ya obsoleta que ubicaba cada instinto o facultad mental en una zona precisa del cerebro). "Un día se me acercó a corregir un cuadro. Me puso la mano en el hombro y, mirándome a los ojos, me dijo con una sonrisa de satisfacción: "Cecilia, tú pintas estos cuadros por la forma de tu nariz".

EL ARTISTA QUE ENSEÑA
Al igual que sus colegas, el pintor César Campos recuerda a Winternitz como un renovador de los métodos de enseñanza, que fusionaba el estudio académico con la creación en libertad, sumada a una formación humanista. "Además de la enseñanza, fue un activo propulsor de la integración de las artes entre arquitectos, artistas y el público. Para ello, realizó grandes mosaicos, vitrales y elementos litúrgicos integrados a la arquitectura de hermosos templos aquí y en diferentes partes del mundo", afirma.

Pero no solo hablamos de una metodología docente, sino de la capacidad de Winternitz para hacer descubrir en sus alumnos su propio potencial. Es algo que el maestro Eduardo Tokeshi recuerda bien: "Era 1985, estaba en quinto año y Adolfo Winternitz me dio la primera oportunidad de enseñar en Arte. Algo que ni yo mismo sabía, él ya lo había intuido: que yo podía enseñar", cuenta.

"El profe tenía esa virtud. Sabía vislumbrar a las personas y hacerles descubrir talentos escondidos. Adolfo Winternitz me enseñó a creer en el maestro que podía –y quería– ser. Es decir, me enseñó la fe", añade.

UNA MISA POR ADOLFO
Por los 25 años de la muerte de Adolfo Winternitz, se celebrará una misa en su memoria en la capilla del campus de la PUCP. Se llevará a cabo el lunes 18 de junio, al mediodía. El ingreso es libre.

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