"A pesar de que muchos consideran que la educación privada es onerosa y que la educación pública no cuesta, esta última se financia con nuestros impuestos". (Foto: GEC)
"A pesar de que muchos consideran que la educación privada es onerosa y que la educación pública no cuesta, esta última se financia con nuestros impuestos". (Foto: GEC)
Juan Manuel Ostoja

Presidente de la Federación de Instituciones Privadas de Educación Superior (FIPES)

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El sector privado juega un rol crucial en la educación, contribuyendo con la formación de estudiantes, la modernización e innovación educativa, y recientemente con la transformación digital y la adaptación a la pandemia. Pero, principalmente, permite disminuir las brechas educativas existentes, teniendo aún el objetivo de democratizar la básica y superior. No obstante, en los últimos años, se han realizado cuestionamientos a la relevancia de la , objetando sus aportes sin sustento técnico.

Por ello, Apoyo Consultoría realizó un estudio sobre la contribución de la educación privada en el Perú, mostrando con cifras la realidad: la educación privada contribuye con S/13.360 millones al PBI, equivalente al 60% del PBI del sector educación y al 2% del PBI total. La recaudación tributaria del sector ascendió a S/1.228 millones en el 2019, con lo que podría financiar tres programas sociales del tamaño de ‘Cuna Más’ o la construcción de 3.500 km. de carreteras.

Asimismo, la oferta educativa privada permite una mayor democratización de la educación. El 73% de sus alumnos se encuentra en los NSE C, D y E. Las instituciones educativas privadas de nivel básico y superior brindan su servicio principalmente a alumnos de sectores medios y bajos, gracias al esfuerzo de millones de familias.

Desde hace unos años, los cuestionamientos a la educación privada vienen desinformando a la población. Sin embargo, su rol sigue siendo primordial en la formación de jóvenes, pues el Gobierno no podría abastecer la demanda educativa sin participación del sector privado. De lo contrario, tendría que aumentar su presupuesto en S/20.000 millones, sin considerar la brecha en infraestructura, que supera los S/100.000 millones, además de los problemas de gestión de calidad que enfrentan.

A pesar de que muchos consideran que la educación privada es onerosa y que la educación pública no cuesta, esta última se financia con nuestros impuestos. Este mito genera que no se tenga en consideración la gama de pensiones diferenciadas y diversas becas que otorgan las instituciones privadas.

Otro cuestionamiento es la reinversión. A raíz de la pandemia, la inversión realizada en capacitación y compra de tecnología para seguir brindando un servicio de calidad y mostrar una respuesta rápida ha sido superior a lo invertido por las instituciones públicas.

Es importante aclarar que las entidades privadas son las de mayor interés en mejorar la calidad del servicio educativo. Seis de las ocho universidades peruanas que figuran entre las mejores de la región son privadas. Las verdades sobre la educación privada solo demuestran la necesidad de fortalecerla y brindarle las condiciones necesarias para seguir forjando a los profesionales y técnicos que el Perú necesita.