Andar preocupado por el resto
y no por uno mismo es precisamente lo
opuesto a vivir en calma. Lee la columna de Lorena Salmón. (Ilustración: Kelly Villarreal)
Andar preocupado por el resto y no por uno mismo es precisamente lo opuesto a vivir en calma. Lee la columna de Lorena Salmón. (Ilustración: Kelly Villarreal)
Lorena Salmón

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Hace algunos meses atrás, la plataforma educativa online Netzun me convocó para hacer un curso dentro de su nueva categoría de bienestar, una oportunidad que había estado esperando durante mucho tiempo porque, después de escribir, enseñar me apasiona.

Hasta el momento, lo único que enseñaba era yoga, luego de certificarme como instructora en el 2014; así que armar un curso sobre bienestar representó un reto maravilloso.

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Si hay algo que he venido haciendo desde que manejo contenido virtual es compartir lo que a mí me ha ayudado para dejar de seguir viviendo en modo ‘por qué la vida me castiga’. Comparto cada una de las herramientas que he podido comprobar que funcionan para alejar el drama nivel La rosa de Guadalupe de mi vida.

Fue Percy García, instructor de yoga y fundador del Instituto Veda, en Lima, quien mencionó por primera vez el que se convertiría en mi mantra de vida: “No más drama”. Fue él también el responsable de enseñarme a vivir más en calma.

En su honor, llamé a mi curso “Aprender a vivir en calma”, porque considero que es el activo que más falta nos hace en tiempos de pandemia, miedo e incertidumbre.

Aunque parezca una utopía, sí se puede vivir en calma dentro una coyuntura difícil y complicada. Esto se debe a que somos un mecanismo maravilloso que tiene la capacidad de autorregularse y alcanzar un estado de bienestar: si les digo que esa capacidad es inherente a nosotros, pero que la desconocemos, no les miento.

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Los seres humanos somos milagrosos: tan solo respirando mejor podemos calmar nuestra mente. Si bien el miedo es una emoción muy poderosa y que tiende a tomar el control de nosotros, también es manejable siempre y cuando aprendamos a darles a las cosas la perspectiva justa.

El otro día me invitaron a conversar en un podcast acerca de salud mental. Allí resaltamos la importancia de conocer cómo funcionamos: cómo funciona nuestro sistema nervioso, cómo funciona nuestro cerebro, cómo funciona nuestra atención.

Crecemos sin saber cómo funciona nuestro cuerpo, nuestra mente; cómo la alimentación saludable permite que vivamos más felices; cómo aprender a respirar conscientemente para sentir paz y tranquilidad.

Crecemos normalizando esperar a que el cuerpo emita síntomas desconocidos para atender nuestra salud mental, y luego atenderla con drogas fabricadas para devolvernos el equilibrio interno. Y así en un ciclo infinito, sin ir hacia donde debemos ir: hacia adentro.

Lo primero que comparto en el curso es la siguiente verdad: tú eres el único responsable de tu vida y de la calidad de ella. Tú. NO la pandemia. NO el COVID-19. NO el Gobierno y para nada el resto del mundo.

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Una vez que esta verdad se interioriza, todo cambia: se van desdibujando los ‘no puedo’, la energía gastada en quejas y en críticas hacia aquello sobre lo que no tenemos injerencia alguna. Y aquí aprovecho para hacerles a todos una invitación abierta: dejemos de preocuparnos por lo que el resto hace o no hace en pandemia. Sí, nos gustaría que todos podamos ser más conscientes, más cuidadosos, más obedientes ante los requerimientos actuales, que nos vacunemos, que nos encerremos, pero les prometo que quejarse en redes o gritarle al corredor que pasó a tu costado sin mascarilla solo se queda ahí, en la molestia, la rabia o la furia que te genera.

Nunca antes he visto tanta polarización y polémica en redes y fuera de ellas. Nos quejamos prácticamente de todo lo que el otro hace o dice, sin entender que andar preocupado por el resto y no por uno mismo es precisamente lo opuesto a vivir en calma.

Empieza por ocuparte de ti y, como diría Frank Constanza, serenidad ahora. //

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