La culpa no es mía, la columna de Lorena Salmón. (Ilustración: Nadia Santos)
La culpa no es mía, la columna de Lorena Salmón. (Ilustración: Nadia Santos)
Lorena Salmón

A estas alturas de la semana, ya deben haber oído el pegajoso y poderoso estribillo:

“Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía”.

Se oye por todas partes (gifs, memes, videos, nuevas perfomances).

Les cuento un poquito la historia. Estas líneas son parte del que se ha convertido ahora en el himno contra la violencia machista y vieron la luz hace unos días atrás en una potente performance llevada a cabo por el grupo feminista Las Tesis, de Valparaíso, en Chile.

Este colectivo, formado por cuatro valientes mujeres, recoge tesis de autoras para presentarlas en formato de performance de 15 minutos (qué maestras). La intervención que se convirtió en viral está compuesta por una canción que pertenece a unos textos de la antropóloga chilena Rita Segato.

La letra completa dice así:

“El patriarcado es un juez que nos juzga por nacer y nuestro castigo es la violencia que no ves.

Es feminicidio. Impunidad para el asesino. Es la desaparición. Es la violación. Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía (bis x4). El violador eras tú. El violador eres tú. Son los pacos [carabineros]. Los jueces. El Estado. El presidente. El Estado opresor es un macho violador”.

El canto se expandió y quebró fronteras: Alemania, Francia, Inglaterra, Austria, Turquía, República Dominicana, EE.UU., Argentina, Colombia y México. Y aquí mismo, el sábado pasado en la plaza San Martín y frente al Palacio de Justicia, en una performance realizada por los grupos feministas locales.

Dicen quienes estuvieron ahí, emocionadas, que fue poderoso y necesario. Gracias por eso, por dar la cara, por representarnos, por prestar su voz hacia la denuncia colectiva: aquí también somos víctimas, acá tampoco contamos con el apoyo del Estado ni de los jueces; aquí las mujeres sufren violencia machista todos los días.

Solo falta abrir los ojos y afinar los oídos.

Con este titular me levanté hoy, 4 de diciembre del 2019: “Corte Suprema absuelve a sujeto acusado de violar y embarazar a una menor”. El Comercio.

Ojalá las noticias en la televisión no fueran más de lo mismo:

“Hombre quema casa de ex porque no quiso volver con él”.

“Esposo confiesa haber matado a su mujer y enterrarla en el patio de su casa”.

Ya son 152 casos de feminicidios y aún el año no acaba. Una cifra superior a la del 2018. Por eso resultan indispensables acciones como las de Las Tesis; exponer lo que para nosotros es obvio pero para el resto que no quiere ver, no.

Y es por esa razón, y a raíz de ese canto, que también se han comenzado a viralizar en redes sociales los casos de abusos de los que diferentes y tantas mujeres han sido y siguen siendo víctimas.

Ejemplo:

Y la culpa no era mía (abuelo).

Ni dónde estaba (mi casa).

Ni cómo vestía (ropa infantil).

Los testimonios son terribles porque evidencian lo terrible: mujeres violentadas siendo niñas, en ambientes aparentemente seguros por miembros de familia o amigos de la familia, o figuras cercanas o supuestamente confiables. Mujeres de cualquier edad y en cualquier circunstancia, violentadas porque sí y, para colmo de lo absurdo, llamadas a ser culpables de los hechos.

Hay quienes han salido a renegar en contra de esta canción sosteniendo argumentos como que las mismas chicas que cantan El violador eres tú (nombre de la canción) son las mismas que perrean al son del reggaetón. Que no se las den de moralistas, dicen.

Así de indignante y así de curioso: los hombres creen que la mujer, haciendo uso libre de su sexualidad, merece ser violada, por provocar.

Qué rabia.

Tengo un hijo hombre en plena adolescencia y una hija mujer entrando en ella. Escuchan y les encanta el reggaetón y ambos deben tener claro el mensaje: NO ES NO.

El sexo no se practica sin el consentimiento de ambas partes.

Nunca. //