Lorena Salmón

Hola a todos. Quiero contarles que esta es mi última columna en SOMOS.

Siguiendo los protocolos de un duelo, ya lloré, ya canté y ya lo acepté, así que estoy lista para despedirme en estas líneas.

Es difícil dejar un espacio en el que uno se siente cómodo, pero a veces las cosas suceden como en la versión más poética y sabia de Colón y Lavoe: “Todo tiene su final, nada dura para siempre”.

Cuando me enteré de que esta sería mi columna de despedida, supe que lo correcto era escribir sobre qué hacer cuando uno deja de colaborar donde venía haciéndolo.

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Sin duda, estamos hablando de un tipo de duelo.

Felizmente, para esta adversidad hay pasos que seguir y que claramente empiezan por lo primero: serenidad.

Es absolutamente comprensible que nos paralice el miedo, que los pensamientos sobre el futuro nos invadan, que la preocupación sea intolerable, pero ante el caos, la calma.

Habitar la calma implica darnos un momento para procesar lo sucedido, sentir las emociones que se despierten, darles cabida a todas. Porque ya sabemos, o al menos espero que hayamos aprendido, que hay que sentirlo todo, porque lo que se guarda busca la forma de salir. Así, establecemos un período de duelo, un momento de autoindulgencia en el que podemos sentirnos libres y no culpables de no hacer nada, para luego preguntarnos: ¿qué queremos hacer ahora?

Después, hay que buscar darles la perspectiva correcta a las cosas: una invitación a dejar de colaborar donde colaboras no puede determinar quién eres ni tu valor; nuestras cualidades son inamovibles y son nuestras. Interiorizar este punto hasta creerlo es vital para no caer en la deses-peración.

Por otro lado, y no menos importante, hay que ser realistas y objetivos. Para eso necesitamos hacer una revisión de nuestros números: hay que aceptar cuáles son las condiciones de nuestra cuenta bancaria para reorganizarnos, replantearnos prioridades y prescindir de todo aquello que no sea relevante.

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Con la misma objetividad que usamos para revisar nuestro nuevo presupuesto, hay que medir nuestro índice de felicidad actual. Eso nos ayudará a replantearnos todo lo que queremos hacer. Para eso hay que preguntarnos si en la actualidad somos felices, cuán felices somos, cuánto tiempo dedicamos a nosotros mismos y a lo que nos gusta hacer, y qué tanto estamos haciendo para cumplir nuestros sueños. Quizá sea el momento de cumplirlos y satisfacerlos.

Quizá también sintamos que esto es difícil de concretar en este momento, pero el ejercicio y el mantenernos productivos nos permiten no bajonearnos. Estar en movimiento es importante para mantener nuestros ánimos arriba y para no dejar que el estrés merme en nuestro ser. Porque si hay algo que no debemos perder nunca es la fe en nosotros mismos y en nuestra capacidad de resi-liencia.

Como dato anecdótico, para subirnos todos los ánimos: de acuerdo con un estudio realizado en el 2018 a ejecutivos que habían sido despedidos, el 91% logró reinsertarse a la vida laboral en un puesto inclusive mejor que el anterior. ¡Vamos con todo!

Dicho esto, no hay despedida que valga sin agradecimiento de por medio. A este espacio, por dejarme ser durante estos cuatro años, y a todos los que me acompañaron los sábados y me hicieron saber que estaban ahí: ha sido un honor y un placer.

Aún no sé qué haré a partir de este momento, pero sé que aún perdiéndolo todo, siempre se puede ganarlo todo.

Mis mejores deseos,

Chau. //

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